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JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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ACABO DE SABER que formo parte de ese colectivo de viajeros de Ponferrada que hemos incrementado un 44% el uso del tren que une las ciudades de Vigo y Barcelona, ahora denominado tren Alvia. Motivado por los elogios al nuevo servicio y también por las críticas de quienes lo calificaron como material de desguace rechazado en otros recorridos con más suerte, decidí viajar desde Vigo a Ponferrada en el Alvia, un tren fabricado en España cuya versatilidad le permite circular indistintamente por las líneas de ancho nacional a la velocidad acostumbrada o por las de alta velocidad hasta 250 km/hora. Compruebo que es un tren moderno, con un clima confortable donde destacan el silencio, la limpieza, la puntualidad germánica y el buen servicio. Puedes leer o trabajar cómodamente en el ordenador mientras viajas, disfrutando un menú completo y equilibrado de música de los grandes maestros y orquestas o cintas sonoras de películas inolvidables..; es cierto que al ir aproximándose al Bierzo la velocidad se modera un poco más. seguramente por el deficiente estado de las vías, lo que puede ser considerado un inconveniente mayor si se practica ese culto a la velocidad característico de las colectividades recién salidas de la pobreza : hay que ser los primeros y tener más kilómetros de alta velocidad que nadie en este mundo. Pensaba yo que no correr tiene también sus ventajas, que poner el carro delante de los bueyes acarrea sus peligros y al ir el tren más lento pude observar más allá de las vías un incremento de eso que disgustaba mucho a Giner de los Ríos y que él definía como «lo cutre», lo inacabado, el así ya vale, los huertos desolados, los aleros tristes , la losa cenicienta, la naturaleza mancillada por los vertidos de pizarra, las dentelladas de las canteras a cielo abierto. Consolidadas las nuevas tecnologías que eliminan los vertidos, sólo una explotación de pizarra en nuestra provincia, sin embargo, es subterránea, siendo este el sistema más rentable y respetuoso con el medio natural. Por fin , más allá de los tendidos eléctricos y la chatarra almacenada en las vías muertas, la ciudad de Ponferrada asoma enmarcada en una fealdad antigua, un asentamiento sobresaturado y vertical cuya estación nos recibe sin un solo taxi en servicio y nos hace recordar (cito de memoria) los versos de Machado : «ese placer de alejarse/ Londres, Madrid, Ponferrada/ tan bellos para marcharse». Ya sé que Ponferrada no es tan fea, pero lo parece desde el tren.

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