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JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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NO ESPERABA que las largas y duras sesiones en la Junta de Seguridad pudieran ser tan llevaderas y a veces placenteras. Me equivoqué cuando le dije al biministro Juan Antonio Belloch que no era yo la persona indicada para tratar con policías y guardias civiles, debido en parte al miedo a lo desconocido, también a la pesadilla de varios años con un jefe de la policía en Ponferrada y a la encerrona del 23 F.

En aquella Junta se sentaba a mi lado Marga, la jefa de gabinete, escritora de relatos de mujeres viajeras, escultora de alto vuelo y expresividad; luego el secretario general, bibliófilo que disfrutaba su tiempo libre en la librería Michelena, más allá el teniente coronel Aparisi, culto, sensible y con fino sentido del humor; a mi izquierda Luis García Mañá, actual Jefe Superior de Policía de Galicia y amigo para siempre, un letrado, historiador y novelista de prestigio en las letras gallegas, cuya lectura aconsejo vivamente; a mi derecha el Comisario jefe Mora Morandeira, un profesional eficiente, leal y cercano a los problemas de la gente, a quien dejo para el final porque acabo de leer su último libro de poesía, con dedicatoria que debo atribuir a un exceso de generosidad por su parte.

Un poemario que resume, sin pretenderlo, su propia peripecia vital, la de un servidor público que no tiene asiento entre los filósofos de la fuerza, sino entre los que creemos en la encendida bandera de la palabra. No es casualidad que dedique ese Crepúsculo para un ciego a su nieto «en la esperanza de que madure en él el fruto de mis palabras».

Enrique Mora es un creyente en la búsqueda irrenunciable de la verdad, una fe compatible con la lucidez de la duda. Ahora mismo sigue escribiendo en un pueblecito tranquilo de la costa «en la frontera de los sueños donde la línea de la vida se hace círculo y los pájaros sin alas picotean pentagramas de penumbras», lo prefiere a la ciudad «bajo el dominio de los ruidos, las prisas, los espacios invadidos y el tañido de los relojes pregonando la urgencia de las horas»-¦

Espero su nuevo libro de poemas como otro regalo inmerecido y alimento necesario. Seguro que al final del túnel de la duda aparecerá la luz de la esperanza y el amor que resume uno de sus últimos poemas, titulado Mañana :

«Me acercaré a ti

en el límite caliente de la libertad

y hollaré tu tibia piel de invierno

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con mi mejor beso».