Reflexión sobre la reflexión
Silla baja | j. álvarez de paz
LA REFLEXIÓN es una actividad plenamente humana, muy necesaria para el hombre antes de que este tome una decisión importante, como sin duda lo es el ejercicio del voto democrático.
Me enseñaron a reflexionar en el seminario donde me formé y donde cada jornada tenía un tiempo para esa actividad del espíritu. Allí la llamaban meditación. Estoy agradecido por ello, porque puesta a punto y bien entrenada la mente en esa disciplina, nunca he conocido el aburrimiento o el miedo a la soledad, a pesar de que muchas veces dormitaba, tratando de escapar de las tres plagas que acecharon la postguerra: el hambre, el frío y el sueño.
Aunque Astorga es una ciudad bimilenaria, los estímulos exteriores que allí podrían disiparnos eran más bien rurales: el vendedor de miel, el viento del monte Teleno mordiendo cada una de las esquinas de la villa, el pregonero de urces y el carbón vegetal para calentar la mesa camilla de las damas asturicenses, los pavos del obispo alborotando constantemente el jardín, las simpáticas borracheras de la Tagori que, también ella, reflexionaba en voz alta mientras admiraba la soberbia fachada herreriana : «¡si este es el voto de pobreza, cómo será el de castidad!», decía.
Hoy dicen los expertos que son malos tiempos para la filosofía, bombardeados como estamos actualmente con toda clase de reclamos ruidosos que se cuelan en nuestros teléfonos móviles jurando y perjurando que nos vamos a forrar si no dejamos pasar esta última oportunidad, la de ser ricos, dando por hecho que nos queremos forrar en efecto. No estoy de acuerdo, porque mientas haya un niño capaz de asombro, habrá filosofía.
Como para estas elecciones yo ya he votado por correo, esta vez no necesito reflexionar. No necesito hacerlo por dos motivos fundamentales. Uno, porque lo tengo bastante claro, a pesar de que poco se ha hablado de Europa en esta campaña electoral, y dos, porque los ocho años que pasé en Bruselas han sido suficientes para saber que nada de lo que ocurre allí, en la Unión Europea nos es ajeno a los españoles.
Lo que sí necesito ya es ir cerrando esta breve reflexión sobre la reflexión, porque el nuevo formato de este periódico exige recortarle un poco a esta silla, ya de por sí baja, las cuatro patas con las que he comparecido ante todos sus lectores a lo largo de los últimos seis años. Que ustedes lo reflexionen, pero que lo reflexionen bien.