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León

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Silla baja | alvarez de paz

APRENDÍ a cantar La Internacional hace varias décadas, al lado de veteranos militantes socialistas. Ninguno miraba hacia atrás con ira, aunque algunos habían sufrido mucho. Cuando me enviaron al Parlamento, me pedían que trabajáramos para que nunca hubiera otra confrontación civil en España. El mismo o parecido logotipo y la misma música compartí como delegado en el congreso constituyente del Partido Socialista Europeo y en otros foros, desde Oceanía a América, sabiendo que los cinco dedos agrupados de la mano izquierda alzada significan un compromiso de solidaridad con los de abajo, los que nadie defiende, los marginales, los pobres de la tierra que quieren recuperar su dignidad. Después de tantos años sin problemas por semejante gesto, ahora se nos compara con quienes exhiben banderas preconstitucionales o símbolos nazis y lo grave es que esto lo animan algunos portavoces del PP.

Muchos agradecimos a don Manuel Fraga, hombre de Estado, que hubiera llevado a un partido democrático, el PP lo es, a muchos montaraces de la extrema derecha, pero el problema ahora es que además de estar, quieren mandar en el principal partido de la oposición, fenómeno único en Europa. Otros que alardean de su condición de creyentes, llegan a decir que asumir la bandera de los pobres es una antigualla, porque ya no quedan. Lo dicen en un mundo con 3.000 millones de desnutridos, según la ONU, 27 millones de esclavos absolutos, la cifra más elevada de la Historia humana y creciendo-.Y añaden que La Internacional es la semilla del odio.

Como aquel diputado de la CEDA que dijo que había que cambiar la doctrina social de la Iglesia, serían capaces de censurar el sermón de la montaña, «dichosos los que tienen hambre y sed de justica» o el Salmo 72 (palabra de Dios) «defenderá a los humildes del pueblo, salvará a la gente pobre y aplastará al opresor». A esos desmemoriados les conviene visitar el África profunda donde crecen las grietas de la tierra y las hambrunas derivadas del efecto invernadero. Les vendría bien una lectura reposada de la letra de La Internacional , a ver si les entra algo de humanidad en el cuerpo.

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