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León

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La Gaveta | C. gavela

Tengo entendido que la mayoría de los alcaldes del Bierzo viven en Ponferrada. Lo que sugiere que sus ayuntamientos son una especie de colonias políticas. De las que sus alcaldes ­­­-”que ganan las elecciones una y otra vez, a la usanza caciquil-” son algo así como sus propietarios democráticos. Cada comarca es un mundo y no existen criterios universales cuando hablamos de la administración local. Parece que no tiene sentido que existan ayuntamientos que no alcanzan los mil habitantes. Eso sucede en el Bierzo, cuyo mapa se remonta a lejanos tiempos, cuando la vida era bien diferente a la actual.

Hace unos días el alcalde de Balboa propuso unir los municipios de esa tierra fronteriza, montañosa y verde. Unir cuatro alcaldías en una, que, por otra parte, no alcanzaría los dos mil habitantes. Es decir, los que pueden vivir en una calle larga de Ponferrada. Pues bien, la propuesta fue criticada con la previsible cantinela identitaria. Y con el enojo de los ediles de esos ayuntamientos enanos en población, aunque no en extensión hermosa.

Se trata de un asunto serio, que solo podrá ser resuelto desde una ley estatal, acompañada de otras autonómicas. Ley que, probablemente, no se promulgará nunca. Pero eso no evitará que los municipios inviables sean cada vez más inviables, ni tampoco que esos municipios sigan organizándose en una infinidad de mancomunidades que son la mejor prueba de que, efectivamente, son inviables. El Bierzo solo puede funcionar racionalmente con una pequeña red de ayuntamientos de cierto tamaño, cuyas capitales deberían ser las cabeceras de sus subcomarcas. Es fácil saber de qué núcleos hablamos. Si se da la vuelta al mapa, aparecen los nombres de Bembibre, Torre, Toreno, Páramo, Fabero, Vega de Espinareda, Cacabelos, Villafranca, Camponaraya, Puente de Domingo Flórez, Toral de los Vados y Ponferrada. ¡Y aún son doce, que me parecen muchos! Porque yo sería partidario de un gran municipio del Bierzo Alto (Bembibre), otro del Bierzo Norte (Fabero), otro del Bierzo Oeste (Villafranca) y otro del Bierzo Central (Cacabelos), aparte de Ponferrada, que absorbería todo el Bierzo Suroeste. Pero seguirán existiendo los pequeños municipios. Tan inanes como irreductibles. Tan eternos como ineficaces.

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