Cirac defiende más participación ciudadana aunque la legitimidad la dan las urnas
La presidenta de las Cortes llama a «evitar la complicidad con rupturistas» de la unidad nacional . Aboga por mejorar el modelo autonómico y reforzar el pacto constitucional con más generosidad.
La presidenta de las Cortes, Josefa García Cirac, en su discurso institucional ante la cámara.
El descontento ciudadano y la protesta social cada día más activa ha hecho emerger más voces a favor de la regeneración democrática y de una mayor apertura de las instituciones a la sociedad civil. Ayer, la presidenta de las Cortes, Josefa García Cirac, se sumó explícitamente a esta corriente, al defender la necesidad de «incrementar los canales de participación de los ciudadanos» en la vida democrática.
Lo hizo en el discurso que pronunció ante un Parlamento autonómico repleto de representantes políticos, económicos y sociales, durante el acto de conmemoración del trigésimo primer aniversario del Estatuto de Autonomía, que se abrió con un minuto de silencio por las víctimas de la tragedia de Tordómar (Burgos).
Pese a ser una intervención de corte institucional, García Cirac se mojó en sus mensajes. Y, así, tras declararse partidaria de que la clase política haga un esfuerzo de conexión con la realidad de la calle, advirtió de los peligros de caer en la «tentación» de «confundir legitimación democrática con participación»; o de situar al mismo nivel a quienes son elegidos «en procesos electorales libres» con aquellos que construyen «unilaterales y ficticias mayorías» al calor de los movimientos sociales.
En este sentido, la segunda autoridad de la Comunidad hizo un alegato en defensa de los 84 procuradores que conforman el arco parlamentario, tras admitir que la actividad política está «desacreditada», hasta el extremo de convertir a quienes a ella se dedican «directamente en sospechosos».
De sus señorías dijo que son un ejemplo de «esfuerzo, honradez, prudencia, sentido común y generosidad en beneficio del interés general»; aptitudes, confió, que devolverán a los representantes políticos la «estimación social» perdida.
En todo caso, para juzgar sus «aciertos y errores» están las urnas. García Cirac avaló las reglas de juego de la democracia representativa y rechazó «otras formas de democracia» por su incapacidad de expresar la «libre voluntad política de todo un pueblo». Muy al contrario, se dirigen a la «defensa de intereses parciales o segmentados material, territorial o temporlamente», subrayó.
La denostada imagen de la clase política y el cuestionamiento que de las instituciones democráticas está planteando la sociedad civil ocuparon buena parte del discurso de la presidenta, que otro año más volvió a pronunciarse a favor de la unidad de la nación.
Josefa García Cirac cerró filas con la Constitución española, que ha sabido «conjugar unidad nacional, municipio y provincia con una ineludible realidad regional», dijo. Defendió que el estado autonómico, según lo consagra la Carta Magna, es respetuoso con las diferencias y las igualdades al mismo tiempo, «y permite acercar posiciones políticas muy diferentes».
Ello no ha evitado —reflexionó— que surjan «confrontaciones unilaterales» por quienes «se niegan a la convivencia» o «hacen peligrar» el modelo constitucional. Y aquí la presidenta aconsejó poner tierra de por medio.
«Debemos evitar la complicidad con los rupturistas cediendo en cuestiones que pueden afectarnos como nación; debemos sustraernos de debates nominalistas provocados en momentos inadecuados», sentenció, en alusión directa al desafío independentista de Cataluña.
Sin embargo, la titular del Legislativo reconoció que, en virtud de la «elasticidad, que no provisionalidad» del estado autonómico, es posible «mejorarlo».
Apostó así por «reforzar el pacto constitucional con más dosis de generosidad»; «replantearse» la financiación autonómica; «impulsar la reforma del Senado»; articular más mecanismos de cooperación; «eliminar la duplicidad de competencias»; y hacer un ejercicio de «lealtad política e institucional» que devuelve a los representantes democráticamente elegidos por el pueblo «al camino de la confianza» por parte de los ciudadanos.
Por último, García Cirac ensalzó el la andadura de Castilla y León hacia el autogobierno, a una «moderada velocidad, constante y sin sobresaltos». En el repaso a los 31 años del Estatuto, tuvo palabras de recuerdo para sus predecesores en el cargo: Dionisio Llmazares, Carlos Sánchez Reyes, Manuel Estella y José Manuel Fernández Santiago.