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ernesto escapa
León

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Hoy es san Marcelo, patrono de la ciudad, y las palomas que zurean su plaza continúan alborotadas por el espanto. Llevan días agitadas por la deriva de los inquilinos de sus estancias más nobles. De Botines a los Guzmanes. San Marcelo asoma al recinto la iglesia que le dedicó la ciudad con una placa fascista prendida de su cabecera. El templo es clasicista, como el vecino palacio municipal, y en su retablo barroco acomoda la imagen del titular arropada por santa Nonia y sus doce hijos mártires y santos. El viejo ayuntamiento se llamó Casa de la Poridad, pero esa vitola de limpieza acabó resultando insoportable y hace unos años las dependencias se trasladaron a Ordoño, al edificio chamuscado de la Caja. La plaza fue el recinto de las concentraciones históricas de la ciudad, cada vez que había algo que celebrar. Ahora recoge la ira de los leoneses, sacudida por el revuelo de las palomas y amortiguada por el lento fluir de la fuente neoclásica.

La panda norte del recinto enfila la secuencia bancaria hacia el palacio renacentista que Gil de Hontañón hizo para los Guzmanes. Sin recrear las burlas de la Pícara Justina a la jactancia de sus guardianes, quizá convendría repasar la advertencia de sus latines: «La dignidad debe adornar la casa». En la finca aledaña de Gaudí, un san Jorge pinturero ajusticia al dragón. Ambos edificios son escenario de la actualidad leonesa de este octubre que culmina la festividad del centurión Marcelo. Los de la Caja declararon la pasada semana en la Audiencia Nacional, adonde fue conducido el martes el presidente de la Diputación, Marcos Martínez Barazón. Cada cual con sus empeños. Los del ahorro fueron ante el juez Eloy Velasco por sus manejos con el dinero de los viejos. La engañifa de las preferentes y su tómbola de créditos discrecionales, condonados y a menudo impagados. Velasco es un juez con pasado político: ocho años como director general en Valencia, con Zaplana y Camps. Con esa experiencia, va a ser imposible que lo distraigan los enredos.

Marcos Martínez Barazón es un tipo insignificante, crecido al arrullo de Isabel Carrasco, primero como alcalde de Cuadros y en la hora de su muerte, como sucesor al frente de la Diputación. Yo lo tengo muy visto en las romerías comarcales de Camposagrado, que comparten los municipios de Carrocera, Cuadros y Rioseco de Tapia. Nunca me pareció un tipo de fiar, pero a los montañeses eso nos pasa con frecuencia cuando tropezamos con gente cohibida que se refugia en sus dobleces. Ahora lo han trincado con la contumelia de la eficiencia energética y no sé qué otros derroches. No por gastar mucho y mal, sino por distraer parte del dispendio. El cuitado volvía de un fin de semana propagandístico contra la corrupción, donde Rajoy dijo aquello de que los guarros son excepción.

A raíz de la redada del lunes, ya no valen perdones ni excusas. Es preciso sajar el problema, caiga quien caiga y se lleve por delante a quien se lleve. La Diputación leonesa suspendió su pleno de este miércoles y está en situación de pánico, con el interventor imputado y sus filas sumidas en un mar de sospechas. Porque hemos llegado a un punto en que la corrupción ya no es un garbanzo negro, sino que afecta a todo el cocido.¿Cómo proceder entonces sin tropiezos al relevo inmediato y urgente que demanda la higiene?

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