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ernesto escapa
León

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D e momento, la campaña destinada a poner fin al bipartidismo de la transición se muestra sellada por las cautelas emergentes, que parecen haber asumido a toda prisa la vieja advertencia de por la boca muere el pez. Así que todos calladitos, y a esperar que ruede la bola y que viva Bartola. En todo caso, resulta muy llamativo este retraimiento pregonero de los que vienen dando el tirón, sobre todo porque sucede a temporadas de desatada incontinencia. Echadas las cuentas, no vamos a decir que se pierda mucho, aunque se trata de una extraña forma de asomar la cabeza y mantenerse en la brecha. Sobre todo, porque apenas permite adivinar el rumbo de unas formaciones sobrevenidas, cuyo éxito reside en escamotear propuestas o distraerlas en un río de ocurrencias. A menudo, con freno y marcha atrás, cuando intuyen algún traspié clamoroso.

Ciudadanos asienta su cartelería autonómica en antiguos liderazgos desfondados del leonesismo salmantino (Luis Fuentes) y del castellanismo burgalés: José Ignacio Delgado, Pocholo, alcalde de Caleruega. Ambos en grave y esencial contradicción con los dictados de poda municipal o ferroviaria propagados por el núcleo catalán de la marca. Garicano, el pope económico, predica desde Londres y no le salpican estos charcos. Tampoco al joven Rivera le importa que se trasquile la alta velocidad, porque él ya la tiene y lo demás es territorio a desertizar. Podemos no tuvo un estreno glorioso en nuestra circunscripción, después del tirón televisivo de Pablo Iglesias y alrededores. Aquel fulgurante asalto del cielo se fue lastrando con renuncias, enmiendas y miradas hacia otro lado, que concluyeron con la propuesta estrella del candidato Pablo Fernández Santos: un referéndum autonómico. Sin detallar, estaría bueno, si la consulta se efectúa en León solo, en León, Zamora y Salamanca, o en las nueve provincias que integran la Comunidad de dos regiones. Pero alguien le dio un toque y aquel anhelo quedó en apagón.

Entretanto, siguen sucediendo cosas, aunque los emergentes de aquí continúen callados y transiten como ausentes. Algunas realmente gordas, como la asfixia inclemente de la minería, o la insoportable frivolidad con los alimentos escolares. Los reiterados tropiezos de Serunión, adjudicataria de los comedores escolares, merecen un castigo severo, después de haber rodeado de escándalos los menús de los niños. Ya no valen excusas de mal cumplidor ni tiene un pase seguir avisando con sanciones irrelevantes. Gusanos, tuercas o purés ácidos no pueden seguir formando parte del plato escolar. Y da toda la impresión de que en el lado que debe exigir, en la administración educativa, no hay nadie. Porque atropello tras atropello, el menú sigue sin estar limpio, y al cabo de un rato más o menos largo, la vuelven a preparar.

Más allá de los pronunciamientos de campaña, que alcanzan al mismo Rajoy, aunque desde la distancia de Burgos, la suerte de la minería parece echada. La gente del ministro Soria enreda con los sindicatos, a ver si pasan estos días y ganan unos meses de sosiego estival. De hecho, el pitagorín Alberto Nadal, que es secretario de Estado de Energía, ya ni acude a las reuniones. Está que arde con el déficit de tarifa de la luz, y esto del carbón ha pasado a ser un asunto residual. Cuestión de tiempo y de seguir asfixiando con los incumplimientos.

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