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ERNESTO ESCAPA
León

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Resuelto, aunque para la dirigencia de forma inesperada, el proceso de primarias nacionales del Partido Popular, su proyección autonómica agita de nuevo la baraja de víctimas y triunfadores, hasta proyectar una imagen de aparente revancha respecto al proceso doméstico vivido hace un año en las filas populares. Los baluartes de entonces, sobre todo el coordinador Maíllo, fracasaron en el proceso definitivo para elegir al sucesor de Rajoy. Ni el joven Arenas desde Andalucía ni el tirón de Maíllo y sus allegados regionales pidiendo el voto desesperadamente para la vallisoletana Soraya, consiguieron frenar la ola de renovación que representa el palentino de Matadeón de los Oteros Pablo Casado. Así que toca precisamente ahora, ante las inminentes elecciones locales y autonómicas, digerir un revolcón del que ha salido triunfante el alcalde leonés Antonio Silván.

Para lo que está pendiente de dilucidarse en el plazo inmediato del próximo otoño, las candidaturas para las autonómicas y municipales de mayo, ya nada se parece a lo que había hace sólo una semana. Porque entonces, con Soraya triunfante merced a los manejos en concordancia del joven Arenas andaluz y del visir zamorano Maíllo, el panorama se ofrecía diáfano y despejado para sus vicarios domésticos. Nada que temer y ningún cambio previsto. Ahora todo pinta distinto. Si finalmente la ex ministra García Tejerina no ocupa la secretaría general del partido, acomodo que no parece previsible, se convierte en la baza con más opciones para ser la candidata popular a la presidencia de la Junta en 2019. Aunque la presión sorayista fuera equiparable en Andalucía y en Castilla y León, nuestras elecciones no tienen la inminencia de las andaluzas, para que las cosas queden cual estaban previstas, circunstancia que favorece la continuidad de Juan Manuel Moreno como aspirante popular al palacio de San Telmo. Tampoco la presencia de Silván en la nueva dirección popular, después de haber sido derrotado en las primarias autonómicas, permite anticipar un vuelco en la candidatura popular de 2019, aunque precisamente ahora chirríen los manejos de un año atrás, incluida aquella embajada desmedida de revisores salmantinos desplazados con las primarias a León. Sobre todo, porque el alcalde leonés nunca entraría en ese juego de revocar una decisión apabullante de los afiliados populares.

Lo cual no significa que esté ya todo dicho para garantizar la permanencia de lo establecido. Más bien, anticipa un relevo que parece cantado con Isabel García Tejerina, la ex ministra para quien su partido ha ido barajando diversos destinos, desde el municipio vallisoletano a la autonomía. Más difícil, si no claramente imposible, se presenta desandar ahora lo ya transitado. A la vista del descalabro imprevisto, los fontaneros de las primarias reparan ahora en la escasa legitimidad de un colegio de compromisarios hinchado, cuyo número respondía a las cifras de afiliación presumidas de 869.535 seguidores. Aquel partido con la base más amplia y sólida de Europa (muy superior a sus afines franceses e incluso alemanes), tramitó unas primarias con menos del diez por ciento de afiliados inscritos: 66.384.

Que eso sí que son rebajas de verano, siempre propicias para los manejos influyentes de la fontanería. El entonces candidato Pablo Casado atribuyó tan abrupta merma a que «la desilusión está instalada en los afiliados». Pero ya el primer recuento despejó que en este caso los fontaneros de la organización no estaban trabajando para su secretaria general y candidata, María Dolores de Cospedal. Lo cual abría el congreso al rebote conjunto de los apeados, que es lo que pasó. Cuidadín con el conformismo, que las tormentas traen su cola.

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