Entrevista | Concha Casado Lobato | Premio CyL de Restauración y Conservación del Patrimonio 2009
«Las artesanías se salvarán si la sociedad les da su justo valor»
Concha Casado conversa en el Alfar Museo con el alfarero Jaime Argüello.
A sus 89 años, Concha Casado tiene todavía proyectos entre manos. Localizar y documentar los últimos artesanos rurales que trabajan en León es una de las tareas que se ha impuesto tras más de veinte años de jubilación activa.
Nacida en León, la etnógrafa es hija adoptiva de La Cabrera. En Truchas, el pueblo donde su abuelo materno, de origen zamorano, puso tienda a principios del siglo XX, pasó varios meses en el verano-otoño de 1944 para realizar la tesis doctoral sobre el habla leonesa en esta comarca, que se publicaría en 1949.
«Fue una experiencia inolvidable que me ha marcado», recuerda. «La solidaridad entre las gentes haciendo la maja, la alegría de la fiesta -recuerdo la alborada cuando íbamos andando al amanecer a la fiesta de Nogar- y la sencillez de sus vidas me impresionaron».
La etnógrafa añade: «Creo que la formación que tuve me hizo conocer y valorar el patrimonio y cuando me jubilé vine a mi tierra preparada». Fue en los años 80, cuando se jubiló. Desde entonces, no ha parado.
Primero fue la indumentaria tradicional y luego la guía de artesanos. «Pero aquella era una guía de artesanos que estaban dados de alta. Luego he descubierto a los artesanos rurales: desde el herrero de Valdespino a Isidro García, cestero de Sardonedo, que hace unos primorosos barriles de paja. Ahora es un momento clave para los artesanos».
-¿Qué hay que hacer para salvar estas artesanías?
-Que la sociedad las valore en su justo valor, como están valorando fuera las mantas del Val. Es triste que las lleven a Europa y no se vendan aquí. Además, es importante que haya jóvenes, como Jaime en el Alfar Museo, que aprendan estas técnicas artesanales. Y eso hay que estimularlo.
-¿Cómo?
-Lo repito siempre: la escuela y los medios de comunicación. También está haciendo una gran labor el Centro de los Oficios de León.
-La escuela le apasiona. Cuente alguna experiencia.
-Recién jubilada fui a Carrizo a dar una charla y les puse una diapositiva, entre otras, de una bocallave del monasterio de Carrizo. Ofrecí un regalo a quien supiera a dónde pertenecía la bocallave. Lo mismo hice con otra diapositiva de una vidriera de la catedral de León del siglo XVI, que tiene un barril de era de paja igual que los de Sardonedo. Hay que despertar la curiosidad en la infancia.
-Donó a la biblioteca de León una selección de sus fotografías. ¿Va a hacer algo más con sus archivos?
-Ahora estoy preparando un CD con fotografías de los mayos de Jiménez de Jamuz para mostrárselo al alumnado del Juan del Enzina, que me han invitado para el mes de mayo.
-¿Le sugeriría a las instituciones que dieran ejemplo convirtiendo las artesanías en un producto de León en sus regalos?
-Sería estupendo que se instituyera como regalo oficial un cacharro de Jiménez, una manta del Val o un cesto de cualquier artesano que se dedica a esta labor o un bastón... Es lo que deberían hacer.
-Como hija adoptiva de La Cabrera. ¿Qué le queda por hacer?
-Es muy importante la labor de los pintores Pilar Ortega y Severino Carbajo; la restauración de Forna y Villar del Monte, pueblo en el que se ha abierto una sucursal del Museo del Encaje y que está recuperando los paños de ofrenda de La Cabrera. Nati Villoldo, su impulsora, y el profesor inglés Brian Jeffery hacen una gran labor. Mi ilusión es recuperar los pajares de Villar del Monte.
-¿Qué le va a decir al presidente de la Junta?
-No está previsto que yo hable. Si tengo oportunidad le agradeceré el honor que hacen y la inmensa alegría que me han dado al ver que las instituciones valoran el patrimonio que yo valoro desde joven. Recuerdo aquel trabajo, La Muralla, que hice en los años 70. Iba descubriendo desde Madrid los valores de mi tierra. En aquellos años grabé el ramo de Posada de Valdeón.