Ana Galván lleva sus paisajes extremeños a la sala Sardón
La ciudad de Badajoz es la protagonista de las originales obras de esta artista
Ana Galván hace un homenaje plástico a Badajoz.
Ana Galván trae a León todo el colorido de las calles de su ciudad, de Badajoz. De un lugar perdido en el mapa que muy pocos conocen. Badajoz está fuera de todos los caminos, apartada de todos los itinerarios, mirándose ensimismada en el espejo de la frontera lusa. Badajoz es puerta de Andalucía, los colores tienen allí el brillante acento de los barrios moros y en sus calles la luz vibra en tonos cálidos. Galván nos explica en sus cuadros todo el misterio plástico de una ciudad que habla con la dulce cadencia lusa y la chispeante gracia andaluza, y nos invita a conocer sus rincones.
En los cuadros que podemos ver en la galería Sardón presenta la pintora grandes innovaciones técnicas. Su pintura puede parecer acuarela, pastel, temple, incluso óleo, pero no-¦ Ana pinta con grandes rotuladores especiales para grafitis y, además, lo hace al revés, parte de lo más oscuro para ir matizando la luz sobre el papel, revelando los blancos poco a poco, hasta lograr efectos muy interesantes.
Su pintura tiene la frescura de lo instantáneo. Su técnica le permite trabajar con rapidez y gracias a ello trasladar al cuadro toda la vida que bulle en la capital extremeña. «Badajoz es la parte andaluza de Extremadura -”dice-” de igual forma que Cáceres es la tierra más cercana a Castilla. Me gusta representar sus calles con toda la realidad que vive en ellas, busco más el documento que la estética». Bordeando el hiperrealismo, buscando efectos originales con su peculiar técnica, la obra de Galván a nadie deja indiferente. En su caso la inmediatez fluida de la tinta hace que en algunos casos sus obras se acerquen a la fotografía, siendo fiel reflejo de la vida urbana en continuo movimiento, pero teniendo también toda la belleza de la pintura bien ejecutada. La artista nos sitúa en el centro de la soledad de cualquier calle dibujando espacios inmediatamente reconocibles. Calles vacías que nos hablan del silencio soporífero de las primeras horas de la tarde. Y calles habitadas por grupos de personas bulliciosas. Hay en su trabajo pinceladas de misterio y realidad, la misma realidad que nunca se va, que nos habla siempre y de la fantasía que todos buscamos cada día al otro lado del espejo, en la frontera entre la realidad y la fantasía.