Descubren 'cimientos' del siglo I en el tramo de muralla romana del Cid
El próximo mes de marzo culminará la restitución completa del volumen del muro
Vista del tramo de muralla de la calle Ruiz de Salazar. Los sillares del siglo I, entre las grietas,
Era el tramo de muralla más castigado de León. A lo largo de la Historia fue empleado como -˜cuarta pared-™ no sólo por viviendas y talleres sino también por un hospital y hasta un cuartel militar, edificios que se adosaron a su piel robándole todo tipo de materiales: por eso, llegó hasta nuestros días horadado y socavado, con múltiples huecos que en algunos casos eran verdaderas cuevas llenas de desperdicios. Ahora, el tramo de la calle Ruiz de Salazar, en el Jardín del Cid, está siendo objeto de una profunda y delicada remodelación que, según la concejala de Cultura y Patrimonio, Evelia Fernández, «marcha al ritmo previsto» y que habrá finalizado «en torno al mes de marzo».
Las obras, que cuestan medio millón de euros pagados por el Gobierno central, están dirigidas por el arquitecto leonés Melquiades Ranilla, quien ha destacado la sorpresa de haberse topado, al mismo pie del muro, con grandes piedras datadas en el siglo I, «restos de la primera muralla leonesa», algo que contrasta con la antigüedad del resto del recinto, de finales del siglo III y principios del siglo IV. El responsable de la obra comentaba al Diario que las únicas piezas similares y visibles actualmente en la ciudad serían los sillares de piedra que pueden contemplarse junto a las escalerillas de la Colegiata de San Isidoro.
Al mismo tiempo, Ranilla resaltó el lamentable estado que presentaba la muralla en este lugar: «Si no estuviéramos actuando en estos momentos, el tramo no tardaría mucho en derrumbarse, porque le faltaba ya gran parte de sus materiales interiores». Así, este arquitecto, artífice del Plan Director de la Muralla de León, explicó que para llevar a cabo tales restituciones se está empleando «el mismo tipo de materiales, cal y canto, pues se han desarrollado estudios sobre los morteros y argamasas originales».
«Había zonas en las que faltaban quince y hasta veinte metros cúbicos de relleno, y en la parte superior se había acumulado una capa de tierra vegetal de un metro de altura que actuaba a modo de esponja, absorbiendo el agua y la nieve y permitiendo que se filtrasen al interior del muro, donde se congelaba y facilitaba la rotura de los materiales», expuso Melquiades Ranilla.
Esto es, que el muro había perdido el 50% de su volumen, volumen que será restablecido de manera completa (cuatro metros de ancho por unos ocho de alto) con esta intervención. «Primero elevaremos una pared de piedra, que es lo que verá el ciudadano, y después iremos rellenando el interior, por tramos, con el canto rodado, que fue lo que hicieron en el medievo, ir rehaciendo la muralla, restaurarla a su modo». Y es que Melquiades Ranilla recuerda que todo el recinto leonés cuenta con tres fases constructivas: la primigenia, del siglo I; la de los siglos III y IV, que puede verse en Los Cubos; y las «recomposiciones» medievales con materiales más pobres. «Precisamente aquí nos hemos encontrado con muchos más componentes medievales de lo que esperábamos», dijo. Asimismo, el arquitecto adelantó que se han hallado los restos del cubo gemelo al hoy existente, cubo que «se insinuará en el pavimento». También añadió que las obras facilitarán el acceso peatonal por su camino de ronda, aunque ese particular constituirá la última etapa de los actuales trabajos.