«Estuve a punto de sucumbir a la tentación del jazz»
A Odón Alonso le tentaba, en su época de estudiante en el Conservatorio, la música ligera. Tocaba el piano en un grupo de jazz. «Me gustaba mucho, ganaba dinero y tenía mi público. Esa fue la gran tentación que tuve en Madrid, tirar por el camino de la música ligera», contaba el compositor. También decía que quería ser concertista de piano, «pero cuando me di cuenta me encontré dirigiendo la Quinta Sinfonía de Beethoven».
A Odón Alonso le dolía León. Sus raíces y sus recuerdos estaban en esta tierra. «Mi historia leonesa es entrañable porque soy un leonés de mucha vocación», decía. «Empecé mi carrera en León, como es lógico, del modo que comienzan los músicos que necesitan ganarse la vida para poder estudiar. Tuve una orquesta de baile». Recordaba que, cuando se fue a Madrid a estudiar, echaba algo de menos: «No sabía qué era. Al final lo encontré: echaba de menos la piedra, esa piedra que tan a la vista está en León y que allí es difícil de encontrar. Ese tacto visual de la piedra es otra de las cosas que se me han quedado de León, aunque para mí -y que los leoneses me perdonen- la capital de la provincia es La Bañeza».
Odón Alonso es consciente de que su educación es insuficiente para para dirigir una orquesta y se va a Salzsburgo, Siena y Viena. «En la música el afán de superación siempre significa mucho trabajo». Amante de los viajes, la música le permitirá recorrer medio mundo.
Odón Alonso supervisó los inicios del Auditorio y en este escenario se puso en el 2003 al frente de la Sinfónica de León que lleva el nombre de su padre. «La emoción y los recuerdos me embargan, porque veo cómo una orquesta que fundó mi padre y a la que tanto amor tenía ha crecido de forma espectacular...».