Cristina Fanjul. periodista

«Nunca podrá volver a crearse algo como la Residencia de Estudiantes»

«Los residentes fueron los verdaderos representantes de la tercera España», mantiene Cristina Fanjul, responsable de la parte leonesa de una amplia muestra sobre la emblemática Residencia de Estudiantes que hoy se inaugura en el Museo de León.

Fanjul ha coordinado el aspecto leonés de la exposición sobre la Residencia de Estudiantes.

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e. gancedo | león
León

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El Museo de León inaugura hoy la exposición La Residencia de Estudiantes , una gran oportunidad para conocer cómo nació y en qué consistió aquella experiencia educativa que fue del todo inédita en España y que contó con no pocas ramificaciones en León. La periodista del Diario Cristina Fanjul ha sido la responsable, junto a Margarita Sáenz de la Calzada, de coordinar la parte leonesa de una exposición comisariada por José García Velasco. La cita se completa con la también apertura, hoy, de una muestra sobre Francisco Giner de los Ríos en la Fundación Sierra-Pambley.

—¿Cuál ha sido su participación en esta exposición?

—Margarita Sáenz de la Calzada y yo hemos tratado de recabar la nómina de residentes leoneses y proporcionado algunos de los documentos que aparecen en la muestra. Fue el secretario de la Fundación Giner y director honorario de la Residencia, José García Velasco, quien nos encargó esta labor.

—¿Qué relación tuvo la provincia de León con la Residencia de Estudiantes? ¿Hubo un número significativo de residentes leoneses?

—La relación fue muy estrecha gracias a personalidades como Francisco Fernández Blanco, Gumersindo de Azcárate o Fernando de Castro. Resulta extraordinario pensar cómo una provincia como León envió hasta la calle del Pinar uno de los grupos más numerosos. Margarita Sáenz y yo hemos podido reunir alrededor de cuarenta leoneses, a los que habría que unir un gran número de universitarias que vivieron en la otra Residencia, la de señoritas, dirigida por María de Maeztu.

—Las ideas de la Institución Libre de Enseñanza también se sembraron en esta tierra...

—Hay un libro de Luis Mateo Díez que habla del viaje que hicieron a finales del siglo XIX Bartolomé Cossío, Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate a Laciana para fundar las escuelas de Sierra Pambley. Llegaron en diligencia, lo que da una idea de la lejanía, no sólo física sino también temporal, de la comarca con respecto a Madrid. Las escuelas de Francisco Fernández Blanco fueron el milagro de un filántropo y los beneficios que generaron perseveraron durante generaciones. Y ahí tienes también la biblioteca Azcárate, que este año ha cumplido noventa años de vida, o La Barraca, uno de cuyos impulsores fue Luis Saénz de la Calzada. Además, León fue una de las zonas que con más asiduidad acogió el apostolado de las Misiones Pedagógicas.

—¿Protagonizaron estos leoneses algún hecho célebre? 

—Pues fueron los residentes leoneses los que en los años cincuenta pusieron en marcha lo que se conoció como la Reconquista de la Residencia. José Solís viajó a Oxford, donde estaba exilado Alberto Jiménez Fraud, para poner en marcha una serie de reuniones de los antiguos residentes de toda España, teniendo que burlar a la dictadura. En una de las cartas preparatorias que Solís envía a Jiménez Fraud se queja de la falta de interés de Dalí. Dice algo así como: «A Dalí le hemos escrito, sin respuesta hasta ahora, lo que no me extraña. Le encuentro falso hasta consigo mismo».

—¿La Residencia fue una excepción, o el comienzo de una nueva forma de entender la docencia que luego quedó truncada de forma violenta?

—Ambas cosas. La Residencia fue una experiencia humanística integral gracias a la cual un grupo de privilegiados tuvo la oportunidad de compartir un proyecto único en la Historia de España. En sus 26 años cambió la vida de todos los que tuvieron la suerte de estar bajo la tutela de Alberto Jiménez Fraud y el espíritu krausista de la ILE. Los edificios de la Colina de los Chopos albergaron el Comité Hispano Inglés y la Sociedad de Cursos y Conferencias. Gracias a ambas instituciones, los residentes pudieron conocer a personalidades como Chesterton, Valery, Einstein, Marinetti.... Además, Ortega y Gasset, Unamuno, Ramón y Cajal o Américo Castro compartían charlas con los estudiantes. No creo que nunca pueda volver a producirse algo similar. Gracias a ellos, España tuvo una de las generaciones de científicos más importante de su historia. Severo Ochoa y Francisco Grande Covián son dos de sus exponentes, pero hay más. Por ejemplo, el asturiano y leonés José Solís fue uno de los psiquiatras más importantes de la época.

—¿Cómo se contará todo eso en esta exposición?

—La muestra cuenta con gran número de imágenes de los residentes, de los «espíritus» de la Casa, como ellos mismos denominaban a los estudiantes que más se habían empapado de la filosofía de Jiménez Fraud. Además, podrán verse cartas, documentos de las becas que se les concedieron, un vídeo original de la vida en la Residencia, etc.

—Si no hubiera tenido lugar la Guerra Civil, ¿cree que la experiencia de la Residencia habría sido determinante para el diseño del posterior sistema educativo español?

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—El problema de la Residencia y de la Institución Libre de Enseñanza en general fue que estaba fuera de su tiempo. Fueron experiencias demasiado avanzadas para el momento en que surgieron y, además, su espíritu era demasiado extraño a la idiosincrasia española. Tanto la filosofía krausista que Sanz del Ríos importó de Alemania y con la que surgió la ILE como la tradición de los colleges anglosajones con la que Jiménez Fraud levantó el espíritu de la Residencia eran poco compatibles con la España radical, caciquil e ignorante de entonces. Tanto por la izquierda como por la derecha se miraba la obra de la ILE con recelo. Unos les veían demasiado liberales y para los otros no eran más que un grupo de señoritos. El leonés Arturo Calzada decía que la Residencia les había salvado de la hemiplejia mental y de la indigencia moral del sectarismo. Los residentes fueron los verdaderos representantes de la ‘tercera España’.