El leonés Eduardo Arroyo plasma su visión pictórica del Prado en una guía
El artista huye de los cuadros más famosos para redescubrir «obras silenciadas».
El leonés Eduardo Arroyo ha querido plasmar su «visión pictórica» del Museo del Prado en una guía en la que el pintor huye de los cuadros más famosos para redescubrir obras «más silenciadas o escondidas» de la pinacoteca.
Al pie del cañón. Una guía del Museo del Prado ( Elba) pretende cubrir una carencia que, según su autor, existe, al no haber ninguna guía del Prado elaborada por un pintor en la que se hable «de pintura» y sí muchas que hablan de aspectos «muy científicos, históricos, de influencias o escuelas». Al pintor la guía le ha servido como excusa para reencontrarse con el Museo y para descubrir nuevas obras, aunque finalmente renunció a su pretensión inicial de entablar «un diálogo» con el crítico de arte catalán Eugenio d’Ors y su guía «Tres horas en el Museo del Prado», al considerar que era imposible ese diálogo entre ambas obras.
El libro propone un ecléctico recorrido por las salas del Museo, con su particular criterio, basado en su relación afectiva con el lugar y su experiencia vital, de la que recuerda sus visitas al Prado de la mano de su abuelo y las que hizo acompañado por dos profesores de Dibujo del Liceo francés.
Arroyo, quien se vio obligado a emigrar a París huyendo del franquismo, recuerda el Museo del Prado como «un refugio» para la gente a la que no le gustaba lo que le había tocado vivir, «una isla en la que toda la mugre exterior no podía penetrar». De todas las visitas que cuenta, el pintor reconoce que al menos una es inventada: en la que se pinta a sí mismo recorriendo las salas del museo en compañía de su amigo, el ya fallecido escritor y pintor Antonio Saura.
El museo «como burdel». Asimismo, la guía delata su «obsesión» por Velázquez, «el maestro de maestros», el referente para cualquier pintor por sus obras «inconmensurables», y al que Arroyo homenajeó en Velázquez, mi padre, un autorretrato irónico pintado en 1964 en París.
No obstante, el artista precisa que el libro no tiene «pretensión exhaustiva» en cuanto a las obras del Prado, y se centra en los temas que abundan en muchos de los cuadros, como el rojo, el negro, la muerte, el erotismo o el museo «como burdel».
«La guía pretende dar una idea del Museo como ciudad, como casa de los pintores», según su autor, quien admite que a lo largo de su trayectoria ha tenido que reconocer «errores» de bulto, como su nula comprensión inicial de la pintura de Murillo, opinión que ha variado con el tiempo al entender sus «necesidades económicas» y valorar obras «excepcionales» como «Los niños mendigos».
En el tintero se ha quedado, según Arroyo, el recorrido por la Sala Negra de Goya, a la que el pintor compara con «una sala de cine de pueblo».