Un leonés rastrea las huellas de Da Vinci en las seos de Burgos y León

La escalera capitular se basa en bocetos localizados por el profesor Jorge Martínez.

La célebre escalera capitular de la Catedral de León.

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e. gancedo | león
León

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¿Inspiró Leonardo da Vinci, uno de los mayores genios de la historia, la escalera capitular de la Pulchra Leonina ? Un leonés, el historiador y profesor de la Escuela de Arte de Palencia Jorge Martínez Montero, cree que así pudo ser, y además aporta documentos del maestro florentino —que se custodian en la Biblioteca Nacional de París— en los que se fijan las proporciones de una escala ‘ideal’ en la que se basaría la célebre ‘escalera dorada’ de la catedral de Burgos y también la capitular leonesa.

Esta conclusión se extrae de un libro que Martínez Montero acaba de dar a conocer y que, como explica él mismo, «forma parte de mi trayectoria investigadora en el campo de la arquitectura del Renacimiento en España». Fue tras una anterior publicación sobre las escaleras en los focos artísticos de Burgos y León cuando este experto tuvo la oportunidad, como dice, «de adentrarme en el conocimiento de este elemento tan emblemático y de poder analizar su protagonismo, su simbología, en los centros catedralicios más relevantes».

Sobre la insospechada conexión de estos monumentos con las investigaciones, escritos e inventos del gran Leonardo Da Vinci, declara Martínez Montero: «La verdad es que para mí fue todo un descubrimiento encontrar un boceto suyo, idéntico al trazado de la escalera burgalesa, que a la vez me ha servido para establecer conexiones más directas entre los dibujos manuscritos del toscano con respecto a otras escaleras españolas, como la capitular de la Catedral de León, donde se aprecian semejanzas en la disposición de su traza, ornamentación y remate en el cuerpo alto».

El boceto realizado por Leonardo da Vinci, como aporta Martínez, «pertenece a un diseño de escalera para el esquema urbanístico de una ciudad ideal, propuesta por el artista para servir de enlace entre calles elevadas de distintos planos. Forma parte del Manuscrito B, custodiado por la Biblioteca del Instituto Nacional de Francia, y data de los años 1487-1489, el momento en que el artista florentino se traslada a Milán, donde permanece desde 1482 hasta 1499 bajo el patrocinio de los duques de Milán Gian Galeazzo Sforza y Ludovico Sforza. Estos son los promotores de la iglesia de la Cartuja de Pavía, y ahí precisamente establecemos las conexiones con respecto a la ‘escalera dorada’». Y es que el modelo, de gran éxito, sería tomado también «por Donato Bramante para realizar la escalinata intermedia para las dependencias del Cortile del Belvedere en el Vaticano». Así, «los dibujos de Leonardo habrían servido de inspiración tanto a Donato Bramante como a Gil de Siloé (autor de la escalera dorada), quienes los verán refrendados en sus obras». Martínez Montero baraja dos hipótesis: una, que el propio Diego de Siloe consultara directamente los bocetos y otra, que los conociera a través de Bramante, con el que casi con toda seguridad se relacionó en la obra del Belvedere. Unas proporciones y ornamentos que, en España, alcanzarían también las catedrales de León, Burgo de Osma en Soria y la iglesia de Santo Tomás en Covarrubias (Burgos).

«Respecto a su presencia concreta en la escalera capitular de la Catedral de León, hay que decir que se aprecian grandes semejanzas con los diseños en la disposición de su traza y remate en el cuerpo alto. Su construcción fue realizada bajo el patrocinio del obispo don Pedro Manuel y se atribuye su obra al maestro Juan de Badajoz el Mozo», prosigue el autor.

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La escalera salta el charco. Igual de sorprendente resulta el hecho de que tal diseño se aprecie en otras ciudades españolas y europeas como la escalinata de la Catedral de Santiago de Compostela, la de la Almudena de Madrid o la del Palacio Real de Estocolmo... pero es que incluso cruza el charco y llega al Hotel Baltimore de Los Ángeles y al Centro Gallego en La Habana, entre otros; no tanto siguiendo a Gil de Siloé sino, probablemente, a Donato Bramante, como indica Martínez Montero en la última parte del libro La escalera dorada de la catedral de Burgos , presentado recientemente en aquella ciudad.