josé antonio vázquez taín. magistrado Y escritor
«Tardé 13 años en este libro, para una gran novela del narcotráfico necesitaré aún más»
El magistrado del número 2 de Santiago de Compostela, látigo del narcotráfico, Poirot del Códice Calixtino, juez estrella, debuta en el orbe literario con una investigación histórico-novelada que arranca en el 813 con el hallazgo de la tumba en la que reposaban los restos del Apóstol, llega hasta hoy día, y conecta de nuevo con el Códice. Es «Santiago. La leyenda del santo oculto», que mañana presenta en El Club de Prensa de DIARIO DE LEÓN.
José Antonio Vázquez Taín, en la plaza del Obradorio.
Su señoría cruza acelerada la plaza del Obradorio hacia el Hostal Reyes Católicos bajo la mirada un tanto ruborizada de la catedral, como avergonzada frente a la visión del hombre que bajo el pretexto de averiguar el paradero del Códice Calixtino desnudó algunos de sus secretos más recónditos. Llega tarde a la entrevista porque ha tenido que tomar declaración a un detenido. José Antonio Vázquez Taín (A Merca 1968. Orense) ha labrado su leyenda judicial, sin embargo, no por desentrañar el robo del Códice sino por haber sido el azote de los más afamados y descarnados narcotraficantes gallegos y por poseer todas las plusmarcas de incautaciones de droga. Ahora despunta como escritor con Santiago. La leyenda del santo oculto , su opera prima.
—El libro resulta muy ameno y de fácil lectura. A veces deja un poso de novela histórica, otras de viajes jacobeos, incluso de estudio antropológico. ¿Qué perseguía?
—La idea básica con la que pensé escribirlo, hace ya muchos años, era sorprender al lector descubriéndole una historia de Galicia, pero de la Galicia antigua que llegaba hasta Asturias, León... Los leoneses nos quitaron la corona bien quitada y en León hay otro aprecio de la historia; el orgullo de haber sido corona, la catedral… Pero los gallegos tenemos una historia magnífica muy ignorada. La descubro cuando empiezo a estudiar el Jacobeo, la tumba y con un enfoque de juez observo una historia maravillosa de una Galicia que no había sido ocupada, en la que los nobles resisten, en la que la corona sueva mantiene sus cargos dentro de la goda… Cuando comienzo a escribirlo compruebo que lo que se descubrió en Santiago no fue una tumba sino un templo, un pequeño templo, y me doy cuenta que en cualquier otro país se magnificaría. ¡Y no te digo si lo cogen los yanquis!. El leit motiv era descubrir esa gran historia que creo que los gallegos no sabemos valorar igual que otros. Pero según avanza el libro hago una trilogía en cada capítulo. Una descripción física, otra histórica y una leve reflexión sobre la muerte, la vejez, la vida, el amor… Y al final busco una trama que entretenga, pero que lleve a la gente quedarse reflexionando.
— Dice que llevaba mucho tiempo trabajando en él. ¿En qué medida precipitó la publicación su éxito en el descubrimiento del robo del Códice Calixtino? ¿Fue la espoleta?
—Tengo un libro de notas, de cuero, que me llevé incluso cuando estuve destinado en Mataró, en él que anotaba todos los datos relacionados con el libro y su aspecto histórico. En eso he sido muy riguroso. Lo han leído dos catedráticos de Historia Medieval y ambos me han dicho que no le cambiarían una coma a su documentación. Las fechas son ciertas, los nombres que aparecen son ciertos. Todos los datos los he ajustado lo máximo posible al rigor aunque no existan muchas fuentes escritas. En cuanto al contenido reflexivo he ido acumulando muchas experiencias personales como juez y me han marcado el primer detenido y el primer muerto y he aprendido a confiar en el hombre. He conocido a gente que mata y a la que acabas queriendo, porque es una profesión que te permite conocer el alma humana. El robo del Códice es fruto del azar. Me toca a mí. Fue el cierre de un círculo. Pude llegar a rincones y piedras de la catedral que nunca hubiera imaginado. Es la última inspiración que me lleva a sentarme y hacer una prueba con la confianza y el empuje de mi esposa, que por eso se lo dedico a ella. Pero siempre tras terminar la historia del Códice porque no quería que se inmiscuyera en nada. Cuando se recupera el Códice es cuando tengo claro cuál es la historia que puedo contar para que no coincida ni una coma. ¡Imagine que hago el libro y de repente coincide un nombre, un dato! La liamos. El caso del Códice fue el detonante, no el explosivo. El explosivo ya estaba puesto tras 15 años de una carrera de juez dura.
— Durante la investigación llegó a rincones de la catedral insospechados. En la novela habla de unas catacumbas de los libros, con ejemplares gigantes y maravillosamente conservados. ¿Existe ese paraíso? ¿Qué han visto sus ojos que no hayan visto los del peregrino?
—Esas catacumbas de los libros existen y una de las cosas que van a cambiar en la catedral de Santiago es que se van a realizar circuitos visitables. La catedral es una de las pocas de Europa que no cobran por entrar. Hay partes que están cerradas como las catacumbas de la biblioteca y se están intentando hacer circuitos para grupos organizados. Los tesoros que guarda la iglesia son increíbles, no sólo económicamente, sino en lo arquitectónico, en el artístico y en el humano. El Nombre de la Rosa lo reflejaba indirectamente y en mi libro también. El saber se reservaba a unos pocos. ¿Y como se reservaba? Creando laberintos, laberintos de piedra. Era una forma de que el que alcanzaba el saber lo hiciera tras haber recorrido un camino. Son un ejemplo magnífico.
—¿Y más allá de las catacumbas de los libros?
—En la descripción del camposanto original que aparece en la novela ha tenido mucho que ver que se me haya permitido descender hasta otras catacumbas que están debajo de la nave central. La catedral se construye sobre unos pilares e inicialmente se tapan con tierra esas tumbas, pero unas excavaciones las han descubierto. Es un espacio muy angosto y sí que se aprecia cómo que las tumbas están orientadas todas en la misma dirección, cierras los ojos como hace 1.200 años y te da esa sensación… ¡Oye, pues parece que tienen una disposición cónica y que miran a un mismo punto! Y resulta que no es tan descabellado que allí puedan descansar los restos del Apóstol. Toda esa historia no la inventaron. No es como decir que una huella de Santiago se apareció en la batalla de Clavijo. Hay una serie de factores que llegan a plantear una posibilidad de que sea cierto.
—Eso se lo plantea Ero en el 813, que es el protagonista, y quién describe la tumba a través de un Códice que perdura hasta hoy. Las conclusiones de Ero, sin llegar a desvelarse, dan la impresión de que la realidad de la tumba pudiera ser distinta a la transmitida por la iglesia y la espada.
—(Risas). Quise dejarlo en el aire. Tengo claro que la discusión entre ciencia y religión no va a tener nunca solución. Es eterna, porque el hombre necesita creer en algo e incluso el científico más radical que dice no creer en Dios hay momentos en que tiene dudas. Así que en el libro he decidido que no venza nadie.
— Ero es un joven cristiano apresado por los sarracenos, formado en Toledo científicamente como ‘dimni’ u hombre libre, y que retorna a casa por encargo de Alfonso III para diseccionar como un sabueso, como un científico, como un instructor, el origen de la tumba que se acaba de descubrir. ¿Es autobiográfico?
—He recurrido a personajes muy cercanos. Sobre todo en la segunda parte del libro, la relacionada con la investigación del robo del Calixtino. Están la inspectora Martina, el inspector Tenorio, Simón es el comisario de Santiago… Es un pequeño homenaje. Pero también en la novela histórica he tratado de reflejar las vivencias de Ero, de Bice, que es Beatriz en latín, el nombre de mi mujer… Y Ero pues es el joven lacayo de un noble de la zona donde yo nací, al que tuve que mandar a estudiar a Toledo. Es un poco autobiográfico. Tengo 44 años y casi he llegado a mi meta profesional. Encontré el amor casi con 39 años. Hoy en día se nos enseña a vivir muy rápido. La paciencia y la preparación, la búsqueda no del éxito sino de la verdad, son valores que yo he sentido la necesidad de volcar aquí. Eso es lo que hace que Ero tenga que ser apresado para, justo donde tenía que vivir cautivo, descubra la ciencia. En estos 44 años he retirado 50 toneladas de cocaína del mercado, ciento y pico de heroína, he asistido al primer cambio de gobierno de la era Fraga. He visto cosas… Nací en una aldea y era el más tonto de cinco hermanos. Todos eran más inteligentes y lo que se trata de plantear en el libro es que esta vida no es un sprint, es una carrera ciclista y cada uno debe seguir su ritmo sin pararse. He estado presente en muchos hechos trascendentes de la España moderna. Me lo decía alguien estos días con la historia de esas famosas fotos de Feijóo y Dorado.
—Posee un récord de incautaciones de droga. ¿No me negará que su aurea de juez estrella y el morbo del narco y de sus actores, de los que usted ha sido un azote, no le están sirviendo de factor de marketing para promocionar su novela?
—Sí, sí, lo reconozco. He conocido el mundo de la delincuencia, de la corrupción, de la banca, de la política, de la droga... Y en el mundo de la editorial, que desconocía, admito que mi personaje me ha abierto puertas. Nos surgió la oportunidad de una gran editorial que te coloca en todos los estantes de las grandes superficies en primer lugar. Pero elegimos hacer el camino desde abajo y el personaje de juez me permite hacer llegar el mensaje, que no la imagen. Nuestra editorial intenta aprovechar al tipo que tiene amigos hasta en el infierno y poco a poco que el libro pase del último estante al primero.
—¿Ha pensado en escribir una gran novela sobre el narcotráfico? Porque mejor que usted las tripas de narco en España poca gente habrá que las conozca. ¿No quiere o no se atreve?
—Claro que quiero. Recuerdo dos días tomando declaración de forma muy intensa a un narco. Al acabar se levantó y me dijo: Después de lo que usted sabe, procure guardar su vida . Uno ya no puede tener miedo a nada. A mi hijo lo intentaron quemar con ácido y quemaron por error a tres niños del colegio… No soy ningún loco y también sabía que cuando saliera este libro se me iba criticar. Con relación al libro del narco, claro que lo he pensado muchas veces, pero no por contar una historia porque sí. Puedo amenizar una noche de copas maravillosa con miles de anécdotas de múltiples operaciones. Pero si ese libro saliera, si con este tardé 13 años, en el caso del narcotráfico tendría que pasar aún más tiempo. Y no me gustaría hacerlo como retirada. No me gusta eso de tirar la piedra e irme. Querría escribirlo a una edad a la que si alguien no está de acuerdo se sentara y lo discutiera conmigo. Sería una historia que creo que sorprendería mucho a la gente que hoy cree saber de narcotráfico, como estos días en Galicia, y que a los que estuvimos en primera línea de batalla nos desconciertan. Falta un debate público y sincero sobre el narco y el contrabando. Para un libro, debe estar todo muy maduro.
—¿Y quién posee una faz más literaria. Marcial Dorado, Sito Miñanco, algún Charlín, Nené Barral, Oubiña, Danielito…?
—Ja, ja, ja, ja. Tienen que ser todos, porque el modelo del narcotráfico en Galicia no se repite en ningún lugar del mundo. Todos tienen su aureola. El asunto es que tienen que componer un relato en el que todos participen porque todos estaban interrelacionados. Fuera para odiarse, fuera para colaborar. No era un fenómeno aislado, era una mancha de aceite. Por eso lo medito tanto, porque no tengo tan claro con ellos el concepto de héroes o villanos. Cuando estuve, cuando los conocí en el aspecto humano, no veía esa diferencia entre buenos y malos.