«Salir para aclarar las fotos de Feijóo fue un acto de justicia»
—Le habrá dado las gracias Feijóo por salir a la palestra para descartar judicialmente que las fotos con Marcial Dorado, al que usted encarceló, fueran más allá de una relación social. ¿Por qué lo hizo?
—Fue un acto de justicia. Se ha sacado todo de madre. Y hubo un momento en el que ya en la prensa aparecía que si las fotos las había filtrado la propia policía y había dos conceptos que yo quería dejar claros en relación de dónde vienen las fotos pero que al final parece que eso ha dejado de ser importante. Aquellas fotos no nos la llevamos porque no tenían ninguna importancia para la investigación....
—Por delante de usted han desfilado narcos, violadores, asesinos, blanqueadores de capitales. Aún así al final de la novela sentencia: «Hay luz para el futuro del hombre si el hombre se da una oportunidad».
—Soy optimista convencido después de haber vivido todas esas experiencias. Aun en la piedra más árida, si el tiempo deja un resquicio y llega una gota de agua, brota vida. He visto a gente denostada y degradada sobrevivir y sobreponerse. He tenido enfrente a sicarios que se han cargado a mucha gente y veo a seres humanos que en lo más sencillo son generosos. Hasta el narco más animal siente que tiene algo bueno. Hasta los violadores tratan de justificarse, porque en el fondo se sienten avergonzados.
—De regreso al libro. Se centra en Galicia. Pero hay localizaciones leonesas como Asturica Augusta, Bergidum Flavium, el Burbia… ¿Por alguna razón?
—Trate de buscar una coherencia geográfica. Ero vuelve por el camino del Sur aunque sería más seguro por el Norte. Pero en realidad le tengo un cariño muy especial al Bierzo porque mi abuela era de San Román de Bembibre. Además el último rey gallego, don García, nos liga a León, aunque los leoneses nos cercenasen cualquier posibilidad de expansión. Pero la conexión es familiar, y por cultura, con el Bierzo, hay mucha identificación. Respecto a León siento envidia de su orgullo histórico y de su pasado, algo que convierte al leonés en gente de mucho peso.
—En el prólogo Ónega le compara con Cunqueiro. ¿Cuáles son sus autores preferidos?
—He leído de todo. Para poder tener perspectiva hay que leer de todo. A Galdós, Pereda, los clásicos, Bécquer, poesía. Con la novela moderna creo que falta frescura y que te haga reflexionar. Acabas un libro y empiezas otro. Busco el retrogusto de un buen vino. En la actualidad Alfredo Conde es un referente, Pérez Reverte, el recién fallecido José Luis Sampedro. Memorias de Adriano , también me dejó marcado.
—De los jueces estrellas, entre los que le inscribo, a tenor de cómo instruyen los casos más relevantes de la democracia, quién tendría más futuro literario Garzón, Ruz, Bermúdez, Marlaska, Castro….
—Me quedo con Castro, con Castro, con Castro.
—Tal vez por qué tiene la mejor historia entre sus manos
—No, porque Castro no es un hombre que busque estar ahí. Incluso puede que esté incómodo de estar donde está. Es un hombre que trataba de vivir su vida y que de repente —como a mí que pedí Noya y me tocó Villagarcía y el narco— se ve con un tema que no ha perseguido y que desde esa objetividad intenta hacerlo lo mejor posible. Castro es una persona por la que siento un respeto profundísimo. Está haciendo lo mejor que sabe, intentar pasar desapercibido y que la instrucción sea protagonista, no el juez. Del resto, sinceramente, cuando empiezan a ponerte el sambenito de estrella, es que lo que quieren es que seas un juez estrellado. Que te metas una buena leche. Yo no he buscado ser un juez estrella pero he tenido suerte de formar un equipo en todas las operaciones al que he logrado hacer creer que lo que hacíamos era posible llevarlo a buen puerto.