Manuel Olveira director del musac
«Tenemos que buscar nuevos puentes entre el Musac y la ciudadanía leonesa»
«El museo ha de cambiar su funcionamiento para encontrar nuevas formas de conexión con el público» es uno de los mantras que repite el nuevo director del Musac al mes de su llegada a León. Olveira cree, como la artista Dora García, que el arte contemporáneo «es para todos, pero sólo unos pocos lo saben». «Nuestro trabajo consiste precisamente en que sean muchos», asegura
El nuevo director del Musac, el coruñés Manuel Olveira, entre los montones de material de obra que componen el montaje de Lara Almarcegui.
Con una voz sorprendentemente tranquila consigue Manuel Olveira (Porto do Son, A Coruña, 1964) transmitir gran seguridad en lo que cree. Y palabras como contexto, identidad, diversificación y trabajo no se apean de su discurso. Positivo, armado de ilusión y centrado, ante todo, en conseguir que León y la Comunidad se acaben de creer que disponen de un museo de arte contemporáneo de primera línea, el nuevo director del Musac quiere cerrar cuanto antes la convulsa etapa que acabó con la dimisión de la anterior directora.
—¿Qué sensación tiene en el cuerpo en este momento, con cerca de un mes en el cargo?
—La impresión inicial era positiva, y sobre todo con el equipo y con la ciudad esa positividad ha aumentado. Obviamente ahora tengo un conocimiento más matizado de la realidad, y aunque aún me queda bastante por hacer, estoy intentando ver a mucha gente, agentes culturales y personas muy diversas de la ciudad y de la Comunidad.
—Ahora que ya es vecino de León... ¿qué vibraciones le proporciona la ciudad?
—Bueno, aunque ya había trabajado en Valladolid y Burgos en un par de ocasiones, aquí no lo había hecho, pero sí visitado el museo y la ciudad, lo que pasa que no es lo mismo conocerla como visitante que como alguien que se ha establecido aquí. Estoy intentando ver todos los museos y a la mayor cantidad posible de personas, tener un gran conocimiento de la realidad local. Eso es importante porque el proyecto que presenté para el Musac está basado en el contexto, y para eso hay que conocer no en superficie sino en profundidad todo lo que se produce a nivel cultural.
—¿Cree que en León el peso de la cultura es realmente importante?
—Es obvio que sí. No hay más que ver la Catedral, San Isidoro y todo lo que se produce a partir de ahí. Es una ciudad que me resulta muy familiar porque es muy parecida a Santiago, salvando las cuestiones particulares de cada lugar; una ciudad en la que el peso de la tradición, de la historia, es muy importante, y luego una ciudad que tiene un museo de arte contemporáneo que por escala y rol es muy parecido al CGAC. Por eso esta situación me resulta muy familiar, creo que será cómodo para mí trabajar aquí porque conozco esta dimensión. Luego tiene sus diferencias, claro, el peso de la universidad, su tradición y el número de estudiantes es menor aquí, pero quizá sea la única gran diferencia. Los ritmos ciudadanos, el salir a tomar los vinos a cierta hora es también un rito muy de Santiago.
—¿Cuáles serán las líneas maestras que definirán su etapa al frente del Musac?
—Seguiré trabajando muy intensamente en la conexión con lo local y con el contexto, con la ciudad, eso me permitirá saber lo que está sucediendo en ella, qué perspectivas existen, qué es lo que se puede y se debe hacer tanto a medio como a largo plazo; y luego ver cómo la programación puede conectar con esa realidad, cómo lo que queremos hacer conecta con la ciudadanía, con los profesionales, con sus expectativas. Y seguir trabajando con la institución en sí misma, con su estructura, organización y funcionamiento, ese es un trabajo que no se ve de cara afuera pero que es muy importante: trabajar con el equipo y con la Fundación Siglo para que las cosas funcionen, fluyan, se acomoden a las necesidades... Piensa que estamos además en un momento de cambio a todos los niveles, está claro que el sistema necesita cambiar, que se necesitan nuevas fórmulas de trabajo y mucha imaginación, y creo que el museo debe participar de esos cambios y propiciarlos, ser un agente transformador de la realidad.
—Hay leoneses que no han entrado nunca al Musac... ¿Cómo piensan conseguir que se acerquen al museo?
—Generando más cercanía con la gente, escuchando a las personas e intentando hacerles ver que el museo forma parte de su vida y que pueden participar de él. De hecho, estamos trabajando en proyectos de colaboración no sólo con agentes culturales sino también con instituciones de la ciudad: el año que viene veremos emerger algunos de ellos, e incluso asistiremos a una redefinición de algunos espacios del museo de forma que tengan una mayor conexión con colectivos de creadores y con la ciudadanía en general. Esa es una de nuestras líneas de actuación porque por una parte el museo debe conectarse con la ciudadanía pero la forma de conectarse tiene que ser nueva, tenemos que buscar nuevos puentes, eso forma parte de esa realidad de cambio social e institucional. El museo y la cultura no son estáticos, tampoco la sociedad lo es; al revés, son muy dinámicos. Y ahí el departamento de educación y el museo en sí tienen que cambiar su funcionamiento para encontrar esas nuevas formas de conexión.
—Sí, pero ¿qué piensa de toda esa gente que es absolutamente refractaria al museo?
—Entiendo que la función del arte contemporáneo es la de ser avanzadilla, de proponer cosas nuevas tanto a nivel estético como social: cómo concebimos y pensamos nuestro presente y cómo proyectamos nuestro futuro es la labor del arte. Pero es verdad que el arte contemporáneo no es confortable en el sentido de que trabaja con las preguntas decisivas del presente y del futuro, y para esas preguntas no tenemos respuestas o, como mínimo, no tenemos una única respuesta, tenemos retos, preguntas; y lo que hace el arte es interrogar al momento y a las personas, y esa interrogación a veces no es cómoda. Desde luego que el arte contemporáneo se puede disfrutar, pero no está hecho únicamente para el entretenimiento, está hecho para la reflexión, para el conocimiento, lo cual puede ser incómodo porque te sitúa en una necesidad de cambio y de renovación. El arte contemporáneo siempre es un reto lleno de preguntas, un acicate necesario para poder avanzar, para descubrirse a uno mismo... a veces de la forma más insospechada.
—¿Qué otras vías explorará el Musac a partir de ahora?
—Una vía importante es el trabajo con el contexto, que es aquello que hace significativo lo que haces por historia, tradición, sensibilidad... pero que también identifica una cierta marca de la casa. El Musac va a seguir manteniendo su identidad, muy fuerte desde que nació, en relación con lo contemporáneo y con lo internacional. Pero hay otros matices de su identidad que deben ser cambiados: trabajar con lo internacional no significa darle la espalda a lo local sino todo lo contrario. Participaremos en ese escenario pero con nuestra propia voz. Seguiremos proyectando el museo al exterior y haremos que la colección viaje y se vea fuera de la Comunidad y de España esforzándonos en que, a la vez, arraigue en la sociedad leonesa.
—¿Pretende integrar en el museo, de manera más decidida, a los artistas leoneses?
—Es verdad que el museo está abierto a todo el mundo pero también tiene unas líneas programáticas; el trabajo que mostramos tiene que tener coherencia, y para eso ha de ser significativo. Hay unas líneas muy comprometidas con la actualidad y con cuestiones decisivas en la agenda del arte contemporáneo: en la medida en que los artistas trabajen con ese tipo de parámetros seguro que vamos a encontrar vías de diálogo y de cooperación.
—Algo que haya hechado de menos este mes...
—A nivel de presencia en la ciudad debemos trabajar un poco más, caminando por ella uno se da cuenta de que hay poca señalización del museo: León tiene un edificio increíble, con premios, una colección de piezas muy importantes, una programación muy interesante, pero todo eso no se ve en la señalética, y aunque estamos muy cerca del centro la gente no se lo tropieza, tiene que saber dónde está para llegar a él.
—¿Alguna actividad concreta y a corto plazo?
—Esta semana comienza la programación veraniega, que contempla cada martes cine y cada jueves música en el exterior del museo, al aire libre y a partir de las 22.00 horas. Será un buen momento para disfrutar de la noche, en el patio viendo cine o en la terraza escuchando música, donde se podrá comer y beber, venir en familia, traer la manta por si refresca....
—¿Le ha hecho mucho daño al Musac lo que ha pasado?
—No sé si mucho, pero sí, le ha hecho daño. Es algo que no favorece, pues todo lo que no construye no ayuda. Lo que ha pasado le ha hecho daño a la imagen del museo, al equipo que está trabajando en él, a la profesión en general, y ha hecho daño incluso a nivel social. La ciudadanía no quiere ver este tipo de espectáculos... creo que es un momento convulso, delicado, en el que todos tenemos que trabajar con responsabilidad por el bien del museo, porque es importante para toda la comunidad artística, y trabajar para que las instituciones funcionen bien. Así que no podemos quedarnos ahí, eso ya ha ocurrido, tenemos que reflexionar y hacer que no vuelva a ocurrir, y al mismo tiempo seguir dinamizando el museo y, a través de él, la ciudad.
—¿Habría tomado usted la misma decisión que Eva González-Sancho si le hubiera ocurrido lo que a ella?
—Es que no sé qué le ocurrió.
—Quiero decir, si sufriera injerencias sobre su trabajo.
—Yo nunca he tenido injerencias en mi vida profesional y tampoco las voy a permitir, eso lo tengo muy claro. Sé que soy un director y, como tal, que tengo responsabilidades, pero también tengo facultades, y entre ellas está la de hacer una programación autónoma y contando con la ciudad, esa es una de mis prerrogativas. Es innegable que un director de cualquier institución sufre muchas presiones de galeristas, artistas, empresarios, políticos... este es un trabajo de presiones, todo el mundo lo sabe, pero que existan no quiere decir que sucumbas a ellas. Cualquier persona que trabaje desde la responsabilidad ni las hace ni las permite. Yo siempre he trabajado en instituciones públicas, o privadas con una voluntad pública, y siempre me he sentido muy independiente y muy libre. Lo cual no quiere decir en absoluto que yo vaya a hacer lo que me dé la gana, yo en el Musac voy a hacer lo que creo que tengo que hacer para dar un servicio público, para diseñar una serie de exposiciones y de actividades que redunde en una rentabilidad artística y social.