Pallarés somete a un ‘careo’ a los maestros de Palanquinos y Astorga

El museo de León inaugura una muestra con las tablas recuperadas en dos subastas.

Imagen del análisis realizado en el Centro de Restauración de Simancas.

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cristina fanjul | león
León

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El Museo de León presenta hoy a exposición Maestros recuperados. Arte leonés en la encrucijada de dos épocas, la muestra con la que la Junta saca a la luz dos tablas del Maestro de Astorga y una del Maestro de Palanquinos que fueron adquiridas entre 2011 y 2013. Las piezas, que se mostrarán en un diálogo con las que el museo ya albergaba, han sido objeto de un sobresaliente proceso de análisis y restauración.

Entre las conclusiones a las que llega la investigación destaca la posibilidad de que las tablas fueran ejecutadas en un taller pictórico trascendental y muestran además que su autor transitó por las décadas más cruciales y apasionantes del paso a la modernidad artística en estas tierras. «Se conjetura con que el Maestro de Astorga fuera discípulo del de Palanquinos, eslabones ambos entre el gótico y el Renacimiento, entre la Edad Media y el mundo moderno», resume Luis Grau, el director del museo de León y comisario de la exposición.

La muestra albergará las tablas de El Banquete, la de Santa Bárbara y santa Lucía, la de San Antonio de Padua (recuperadas por la Junta), La caída de los angeles rebeldes, y Peregrinos ante el altar de Santiago.

Las piezas llegan a Pallarés después de ‘pasar por quirófano’. Los especialistas del Centro de restauración de Simancas realizaron una rehabilitación integral de las piezas, analizando además su ‘cuarto trasero’. Así, las modernas técnicas de estudio han permitido descubrir la técnica del dibujo preparatorio en la tabla de Santa Bárbara y Santa Lucía. Este hallazgo ha permitido comparar los trazos del dibujo con el Retablo de San Miguel, de la catedral de Astorga, obra de referencia del maestro, restaurada en 1990 y demuestra que hay grandes similitudes entre ambas. El dibujo se ejecutó a mano alzada, sin que se evidencie utilización de ningún tipo de sistema de traspaso de un modelo previo. La policromía se ciñe con fidelidad al dibujo subyacente, revelando escasas modificaciones. El trazo es firme y preciso, las líneas de encaje de la composición son gruesas y suaves, mientras que los detalles se remarcan con líneas más finas e intensas. El sombreado está realizado conformando claroscuros. Estos aspectos están íntimamente relacionados con la técnica y forma de componer del pintor y su creatividad, siendo rasgos de estilo personal que viene a avalar que ambas son obras de la misma mano.

Procedencia

Destaca Grau Lobo que la atribulada trayectoria vital de las tablas de esta exposición es, por desgracia, muy común en el patrimonio religioso español. En este caso, además, en un paralelismo que se acentúa, el templo en que se ubicaban ambos retablos —el de El Banquete y el de Santa Lucía y Santa Bárbara— también fue finalmente derribado, con lo que a la falta de referencias sobre su disposición, se añade que tampoco las tenemos sobre el emplazamiento original, sobre el escenario.

La tabla de El Banquete estaba entre las que Gómez-Moreno vio y comentó durante la elaboración del catálogo monumental de la provincia (1906-08) y formaba parte de dos altares laterales que recogían tablas antaño empleadas en el principal, en la iglesia de San Juan, de Valencia de don Juan. Atribuyó las obras a la escuela de Fernando Gallego, y los temas a la vida del santo titular del templo, el Bautista. Fueron esas doce tablas las que se quisieron vender por doce mil pesetas (mil por tabla), se trasladaron poco después a la iglesia de San Pedro y finalmente acabaron desaparecidas, posiblemente vendidas. La iglesia coyantina de San Juan fue derribada en 1970.

Por su parte, la tabla de Santa Bárbara y santa Lucía del Maestro de Astorga formó parte (junto a la de los Peregrinos, que ya estaba en el museo) de una composición retablística sita en la capilla del cementerio de Astorga, aunque también allí se habían reaprovechado de un previo retablo originariamente ubicado en la capilla o ermita de Santiago, sede de una cofradía de «pelliteros» o boteros, aledaña a la Catedral.

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«Fue también Gómez-Moreno en la misma ocasión quien puso sobreaviso de un lote ya deslavazado que entre 1908 y la impresión del catálogo en 1925 fueron objeto de una ‘bochornosa’ venta por parte del Ayuntamiento», explica el director del Museo de León. José Lázaro Galdiano compró dos de las grandes, hoy exhibidas su museo madrileño. «Las demás han aparecido ocasional e inopinadamente desde los ochenta en subastas públicas procedentes de colecciones particulares, rescatadas, cuando ha sido posible, por la administración», destaca. Una de las incógnitas que no han podido ser resueltas en la muestra es el origen de la tabla de San Antonio.