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El ‘relieve perdido’ de San Isidoro fue vendido en Barcelona entre 1929 y 1947

Formó parte de la gran colección atesorada por Juan Torbado, arquitecto restaurador de la Real Colegiata .

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e. gancedo | león
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El anticuario que vendió el claustro de Palamós también pudo haber traficado con las únicas piezas conocidas del primitivo San Isidoro. Al menos es lo que evidencian los últimos datos aparecidos en torno a una pieza cuya historia se va ensanchando con nuevas aportaciones. La obra constituye el primer vestigio artístico que sale a la luz de la iglesia sobre la que más tarde se levantaría San Isidoro: un singularísimo relieve que representa el Tetramorfos y el Cordero de Dios y que se conoce tan sólo por medio de una fotografía recientemente rescatada del Instituto del Patrimonio Cultural de España por el historiador leonés José Alberto Morais Morán.

Miembro del grupo de investigación Artarq de la Universidad de Extremadura, Morais lleva tiempo estudiando esa imagen en blanco y negro guardada en el Archivo Fotográfico Moreno bajo el epígrafe ‘San Isidoro’ y tras analizar su estilo y compararla con otras piezas coetáneas, dedujo, tal y como explicaba este miércoles al Diario, que formó parte de la primitiva colegiata, de aquel templo —tenido por humilde, quizá no lo fuera tanto— que elevaron a mediados del siglo XI los reyes Fernando I y Sancha y del que sólo se han hallado restos de muros.

Pero ahora ha aparecido otra foto ‘gemela’ a esa, y además datada, lo cual arroja un poco más de luz sobre el desconocido paradero de esta inédita escultura románica. Alejandro Valderas, archivero, investigador y procurador por UPL en las Cortes autonómicas, ha localizado otra imagen de ese mismo relieve, y diferente, a tenor del tipo de fondo que presenta. «Ha sido casi por accidente. Leí ese día el periódico, vi la foto y me resultó familiar. Revisé mis papeles y la encontré en un gran lote de imágenes leonesas que había pedido en 2005 al Instituto Amatller de Arte Hispánico de Barcelona». «La fotografía —prosigue el archivero y político—, está datada en el año 1923 y forma parte de la colección Torbado Flórez, el arquitecto que dirigió la gran obra de restauración de San Isidoro que culminó en 1915». Esta imagen y la de un excepcional calvario, ya conocido, se exhibieron en la Exposición Universal de Barcelona de 1929 y junto con otras integraron un catálogo «de los que se hacían con vistas a la venta». «No olvidemos que aquella exposición fue un inmenso escaparate para el arte antiguo», apostilla Alejandro Valderas.

Juan Crisóstomo Torbado Flórez muere en 1947 «y entre ese año y 1949 se liquida toda su colección por mediación del anticuario Ignacio Martínez, el mismo que medió en la venta del polémico claustro de Palamós y de infinidad de otras piezas leonesas», informa Valderas. ¿Y quién lo compró? De momento se desconoce. Pero en muchas de las piezas registradas por el Instituto Amatller consta el destino Manhattanville , destacado barrio neoyorquino que acoge a una famosa universidad católica con una nada desdeñable colección de arte europeo...

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