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León

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Opinión | rosa belmonte

Jorge Javier Vázquez ha dicho que quiere ser la Marisol de la televisión. En la presentación de Miguel de Molina al desnudo, su primera producción teatral, se le preguntó por todo, entre otras cosas por si no tenía intención de hacer un paréntesis laboral. «Cuando lo deje quiero que sea para siempre». Me gustaría ser la Marisol de la televisión». Y por supuesto soltó semejante ‘boutade’ casi carcajeándose. Continuó: «Que me pillen por Badalona saliendo de una pizzería y yo nunca hablo. Que la figura se convierta en mítica». Las risas ya eran atronadoras. Las de él y las de los periodistas. Hablaba en serio pero con reparos, como el secuestrador/cura de los Bárcenas. «Tampoco sé cómo es estar sin trabajar», aclaró sobre ese futuro (y no olvidemos el asunto más normal de que no te contraten). Hace un año, la periodista estadounidense Barbara Walters (84 años) anunció que se retiraba, pero hasta hace unos días no había puesto fecha al chimpún: el 16 de mayo. La veterana comunicadora sigue en antena porque es una de las presentadoras de The Wiew (ABC) desde 1997, el magazín matinal en el que se han inspirado los de ‘Hable con ellas’ para hacer un programa de madrugada. Walters es copresentadora y coproductora ejecutiva. Y lo de la producción lo seguirá manteniendo. Lejos está, claro, cuando consiguió la primera entrevista conjunta de Menahem Beguin y Anuar el Sadat. O cuando condujo el debate definitivo entre Jimmy Carter y Gerald Ford. Lo de ahora es como ¡Qué tiempo tan feliz!. Joan Rivers, de 80, también sigue trabajando en ‘Fashion Police’, en E! Enternainment Television (el espacio consiste en poner verde por su forma de vestir a los famosos que van a actos públicos). Barbara Walters cuenta con los mismos años de carrera que Pilar Urbano. 50. Aunque la española tenga diez años menos. No las voy a poner de ejemplo de nada periodístico, solo de perseverancia en el trabajo. Como a María Teresa Campos. Esta, pese a ser malagueña, da la impresión de que nunca ha querido ser Marisol. O no se lo ha podido permitir. Ser Marisol es un lujo.

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