PREMIO

Gehry le arrebata el Príncipe de Asturias de las Artes a Halffter

El arquitecto norteamericano se impuso en la última ronda al compositor leonés

El arquitecto estadounidense Frank Gehry

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E. GANCEDO/ AGENCIAS | LEÓN
León

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Frank Gehry, arquitecto nacido en Canadá pero nacionalizado estadounidense, le ‘arrebató’ ayer a Cristóbal Halffter, compositor y director de orquesta afincado desde hace décadas en Villafranca del Bierzo, el premio Príncipe de Asturias de las Artes 2014. El artífice del Museo Guggenheim Bilbao y de muchos otros sorprendentes edificios repartidos por todo el mundo se impuso en las últimas rondas de votaciones del jurado al músico leonés y al videoartista estadounidense Bill Viola.

«Ya me han contado que al final habíamos quedado los dos. Lo agradezco, claro que sí, pero lo hubiera agradecido más si hubiera ganado», manifestaba ayer, con humor, a este periódico. Halffter dijo encajar «con deportividad» esta más que relativa ‘derrota’ y ante todo alabó el trabajo del ganador: «Es un profesional extraordinario y lo admiro muchísimo».

Gehry obtuvo el galardón por una obra «virtuosa e innovadora» que, al margen de su excelencia estética, incluye edificios generadores de una inmensa repercusión económica, social y urbanística en su entorno. Habitual candidato al galardón desde hace años, se ha convertido así en el sexto arquitecto en obtener el premio. El jurado, presidido por el empresario José Lladó, reconoció la relevancia y la repercusión de sus creaciones «con las que ha definido e impulsado la arquitectura en el último medio siglo» y caracterizadas por un «juego virtuoso con formas complejas, por el uso de materiales poco comunes, como el titanio, y por su innovación tecnológica, que ha tenido repercusión en otras artes».

Y es que Frank Gehry es un arquitecto estrella, una etiqueta que siempre rechaza porque este mago de las formas con pétalos de titanio prefiere que se le considere un creador «inacabado», siempre en proceso de «experimentación». «Simplemente hay quienes diseñan edificios que no son buenos técnica ni financieramente y los que están en el caso contrario» explicaba recientemente en Londres. Lo cierto es que Gehry, nacido en Canadá hace 85 años, es un arquitecto estrella de fama mundial con edificios emblemáticos y casi siempre caracterizados por esas sábanas retorcidas y arrugadas de metal, acero y cristal. Un viaje por el mundo de la escultura de las formas que comenzó desde que construyera su propia casa de Santa Mónica (California), en 1978, donde empezó a trabajar con materiales baratos e innovadores y con la idea clara de que «un edificio una vez terminado, debe ser una obra de arte, como si fuese una escultura». Una carrera que en sus primeros tiempos estuvo unida a la corriente deconstructivista de Estados Unidos y basada en los esquemas de los clásicos del renacimiento y el barroco, que continuó con sus construcciones de varias geometrias en un mismo edificio, sus juegos de volúmenes y el empleo de sus materiales preferente: el metal y titanio, a veces mezclados con otros autóctonos como la piedra.

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Gehry obtuvo en 1989 el Pritzker, máximo reconocimiento mundial en arquitectura.