Telas al viento en Santibáñez con los colores del mundo
Una exposición de carácter internacional pone en marcha la Fundación Merayo.
Ángela Merayo, ayer, con una de las más de setenta obras que acoge su fundación.
Es admirable comprobar cómo los artistas, y muy especialmente los artistas leoneses, son capaces de participar de una forma altruista y apasionada en cualquier evento que lleve por bandera la cultura. Ayer, con todo el fasto que el evento merecía, se inauguró en Santibáñez de Porma la Fundación Merayo, que a partir de ahora se convertirá en uno de los referentes culturales de la provincia leonesa.
Casi un centenar de artistas han participado en esta romántica aventura. Hay que explicar que hace apenas unos meses el viejo caserón rural de la familia Arriola, convertido a mediados del siglo pasado en residencia de verano para los alumnos del seminario menor, era un escenario ideal para rodar películas del terror. Las decenas de habitaciones, baños, comedores… abandonados a su suerte, estaban a punto de entrar en el estadio de ruina eminente. Pero la pintora berciana Ángela Merayo, cuya vida ha transcurrido prácticamente en Cataluña, tenía como obsesión volver a su tierra y crear un a espacio en el que su extensa obra tuviera acomodo y, de paso, crear un centro cultural en el que los artistas pudieran tener su casa, y los leoneses un lugar de culto para la cultura en plena naturaleza.
El empeño parecía imposible. Pero Ángela Merayo, a pesar de fallarle importantes colaboraciones económicas, a pesar de que cuando llamó a las ventanillas de las instituciones solamente se encontró esa frase tan manida de que la crisis nos ha dejado sin presupuesto, siguió y sigue adelante hasta culminar su empeño. Actuando como laboriosa hormiguita, poniendo por delante sus ilusiones y todo su patrimonio, Ángela ha conseguido recuperar ya buena parte del vetusto seminario estival, y en él se ha dado cita casi un centenar de artistas que desde ayer han dejado que el viento de la ribera del Porma dote de vida y movimiento sus obras.
Todo contribuyó a que la inauguración fuera un espectáculo de color y de participación. La protagonista, Ángela Merayo, se sentía feliz. «Estoy encantada —dijo—, maravillada de ver cómo ha quedado todo y de la gente que está participando en esta fiesta de la cultura. Creo que es el momento de dar las gracias a las muchas personas que han colaborado para que esto haya sido posible, especialmente a dos, a Rosa María y a Luis García, que se han encargado de dirigir el montaje de las obras en los distintos escenarios. Estar rodeada de profesionales en estos momentos tan complicados es fantástico».
La iniciativa, que ha congregado a 78 creadores, se ha convertido en internacional. La mayoría de los artistas que participan son leoneses, pero los hay de otros lugares, algunos tan lejanos como Japón. Hay representación de Galicia, Cataluña, La Rioja, Madrid, Alemania o Italia. «Es —explicó Merayo— abrir la fundación al mundo entero. Hemos querido ofrecer un espacio que contemple la cultura a nivel mundial. Mi deseo es que los leoneses conozcan a otros artistas internacionales y que los extranjeros sepan lo que se está haciendo en esta tierra».
Una de las salas del singular edificio estará dedicada a la obra de Ángela Merayo, porque esa era una de las premisas fundacionales de esta casa. «Cuando tienes una producción artística grande llega un momento en el que te planteas la forma de conservarla y de mostrarla al público. Naturalmente nunca pensé que mis cuadros pudieran estar aquí en soledad, por eso he querido que mantengan un dialogo abierto con artistas de todo el mundo y que puedan ser vistos por la gente en general, sobre todo por la de Santibáñez y las localidades colindantes, que nunca han tenido una posibilidad de estas características».
La exposición Telas al viento , que acaba de inaugurarse, se mantendrá abierta hasta finales del próximo mes de octubre y podrá ser visitada los jueves y viernes, a partir de las cinco y hasta las ocho de la tarde. Y los sábados por la mañana, de once a dos.
Pero hay más cosas que contar, por ejemplo que existe la posibilidad de que los artistas que lo deseen puedan vivir por temporadas en la fundación, o, simplemente, trabajar en un lugar diferente situado en plena naturaleza. Pero habrá tiempo de contarlo todo.