CULTURA
Luis Antonio de Villena recupera sus vivencias con los Panero
Los Panero, la familia que buscó con afán su destrucción, protagonistas del libro ‘Lúcidos bordes de abismo’
El escritor Luis Antonio de Villena presentó ayer en Madrid su libro dedicado a los Panero
Todos están muertos. Ese sería el principio devastador para explicar una historia que cuenta Luis Antonio de Villena en su último libro dedicado a los Panero, y que se titula Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero, editado por la Fundación José Manuel Lara.
En manos de De Villena los Panero salen bien parados porque opta por una mirada mucho más allá de la propia autodestrucción, al también vislumbrar el reflejo de un modelo familiar que tenía que representar a la ejemplar familia de la alta burguesía franquista. Y que ejemplar no lo fue tanto en muchos casos, también.
Y además, el novelista, ensayista y poeta extiende la mirada más allá de El desencanto, la mítica película, para abordar la tragedia, o no, según se mire y sobre todo se lea, hasta el presente.
Porque lo que ayer defendió, como hace en el libro, es una historia de luces y sombras, que ya resulta novedoso tan acostumbrados a tratar a esta, eso sí, peculiar familia como un simple disparate. Lúcidos bordes de abismo es una enjundiosa mirada a los Panero y a todo lo que les rodea. Desde la amistad al ensayo. Porque De Villena conoció a Leopoldo María y a Juan Luis. Y a todos. Desde esa lucidez asegura que del libro «salen más limpios y más bellos», y hasta afirma que «el mérito es de ellos».
Acerca de las historias que desgrana, muchas de ellas desde la primera persona de la experiencia compartida, Luis Antonio de Villena explica que el documental de Jaime Chávarri fue un episodio fundamental: «Cuando muere Franco ven que puede tener importancia porque cuestionaba el modelo de la familia franquista», advierte, además de, como cuenta en el libro, haber asistido al estreno junto a Leopoldo María, «que se levantó y se fue a los pocos minutos de empezar, pero no porque no le gustara», matiza.
De Villena también contó cómo fue Michi Panero el que movía esas iniciativas.
«La historia de los Panero de El desencanto se había quedado cortísima. Porque entran en un proceso y caminos distintos. Y también culmina en dos grandes poetas, mayores que el padre, que también era bueno pero más antiguo», explicó al respecto de la trascendencia de la literatura de los Panero.
Historias nocturnas
Pero también hay en el libro historia nocturnas, anécdotas personales y situaciones de lo mas pintoresco que De Villena rescata con respeto, veracidad y esa forma suya de contar con la que hace que todo sea interesante.
«Al principio el padre era la causa de todas las desdichas. Luego, Leopoldo María es a la madre a la que le achaca todos los males», sostuvo De Villena ayer. Y, al final, los tres hermanos confluyen en echarle la culpa a la vida, vino a decir el autor de El burdel de Lord Byron.
Sobre los tres hermanos, De Villena destacó que «Leopoldo María era el que quería ser visto por todos porque todos querían ver al monstruo. Pero se equivocaban porque no era eso sino un enfermo». Acerca de Juan Luis contó que aquella pose de señorito en el documental de Chávarri le perjudicó, pero destacó que era el más cercano, amable y tratable. Y sobre Michi: «Es el que al final no es nada. Pero es el creador del mito. Y escribía con solvencia».
En definitiva, De Villena desplegó ayer su maestría verbal para hacer aun más apetecible este libro que profundiza en los Panero desde la amistad pero en el que al final se refleja toda una época. «Lo que pasa es que no lo contaban. Pero pasaba en muchas familias de la burguesía. Yo lo viví. En la mía mis padres no se hablaban. Principalmente porque mi padre se pasaba el día en Chicote», corroboraba para demostrar esa historia común en la que los Panero hicieron temblar los cimientos de la tradicional familia franquista a partir de su propia historia, una familia en donde nadie se quería ni a sí mismo.
Y que casi se puede decir que termina simbólicamente cuando muere la madre, Felicidad Blanch, que liquida la mítica casa de la calle Ibiza 35, porque no era ni de ellos. Por eso dice De Villena: «Todos pensábamos que sí, pero era una casa de alquiler de renta antigua». Como los Panero. Astorga no fue mucho para el fin de la saga, también se intuye en este libro.