Fallece el director Vicente Aranda, artífice de joyas como ‘Amantes’

Sus compañeros le califican como el realizador que subió el nivel del cine español

Vicente Aranda en la Catedral de León

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EFE | MADRID

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El realizador Vicente Arandafalleció ayer a los 88 años en su casa de Madrid tras una carrera en la que, según han señalado sus colegas de profesión, «subió el nivel del cine español» con títulos míticos en los últimos 40 años como Amantes, su gran filme. Además de esa obra galardonada con los Premios Goya a mejor dirección y mejor película, en su producción destacan títulos como Fata Morgana, Clara es el precio, Cambio de sexo, El Lute, camina o revienta, Celos o Juana la Loca, su último gran éxito. De él ha dicho Imanol Arias, protagonista de cinco de sus películas, que fue «como un padre» y «un gran maestro» con el que en los últimos tiempos tenía «muchas broncas» porque quería hacer en televisión una serie sobre Lope de Vega y quería que le ayudara. «Era un maestro muy grande, con mucho carácter, que te llevaba al límite en el trabajo y en la vida, con una mirada artística que uno recuerda siempre con mucho afecto y cariño», explica.

El ministro de Educación Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, ha tenido palabras para ensalzar a «una de las figuras más significadas de la renovación del cine español, sobre todo a partir de la desaparición de la censura de las primeras etapas de la democracia y también en los años posteriores».

Por la capilla ardiente pasaron ayer rostros conocidos que han querido transmitir el pésame a su familia y glosar los logros de la carrera de este «agitador cultural, un poco cascarrabias», como lo ha definido su colega Imanol Uribe. El actor Antonio Resines, actual presidente de la Academia de Cine, también ha pasado por allí, aunque sus declaraciones se han limitado a un mensaje previo vía internet: «Se nos ha ido uno de los grandes. Nunca perdió el hábito de hacer cine». «Vicente decía que ‘todo pasa delante de la gente hasta que entra dentro de la alcoba y la puerta se cierra’» recordó el presentador, actor y músico José Miguel Monzón, El Gran Wyoming, quien fuera uno de sus más famosos vecinos y uno de los primeros en visitar la capilla ardiente. Esa frase resume algunos de los grandes elementos temáticos de su producción, el erotismo y la pasión, sobre la que el propio Aranda dijo que «te puede destruir, pero te consideras más sabio, más hecho y más formado que el que no la ha sentido. La pasión es algo que no eliges, te elige, es como los sentimientos».

La pasión fue uno de los grandes motores de Amantes, pero también el amor, como le dijo a Marta Belaustegui, una de las últimas actrices a sus órdenes para dar vida, esta vez en el teatro, al personaje de Luisa, probablemente su favorito. «Las mujeres que le gustaban eran las luisas», recordó la intérprete, que hasta este verano se hizo con un papel que previamente interpretó Victoria Abril, una de sus actrices fetiche, con la que trabajó, entre otras, en Tiempo de silencio, Libertarias o Intruso, en una relación intensa y rica, de la que ambos siempre hablaba bien.

No fue la única: Maribel Verdú, Ana Belén, Aitana Sánchez Gijón, Paz Vega o Pilar López de Ayala, todas mujeres, que son las que siempre han rodeado la vida del cineasta, en su familia y desde la infancia. Aranda estaba divorciado de Teresa Font, con la que tuvo también dos hijas, Isona y Nina.

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Su gran capacidad como «narrador y director de actores» es, de hecho, otro de los rasgos más destacados. Gerardo Herrero recordó ayer cómo Aranda insistía en que «la cámara tenía que estar a la altura de los ojos y ser invisible y que la potencia de los intérpretes es lo que debía estar por encima de todo».