CULTURA ■ MÚSICA

La Sinfónica de Castilla y León llega al Auditorio con Mozart y Schumann

Jordi Gimeno, Margarita Torres y Amelia Biaín. DL

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

dl| león

La Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Oscyl) regresa el sábado, a las 20.30 horas, al Auditorio. El programa incluye dos grandes sinfonías: la 41ª de Mozart, una obra de arte que compuso en un periodo atormentado de su última época tras la muerte de cuatro de sus seis hijos; y la 4ª de Schumann, una modificación de su Sinfonía nº 2 que, tras una interpretación horrible, estuvo guardada diez años en un cajón hasta 1851.

La concejala de Cultura, Margarita Torres, ha explicado que éste es el segundo concierto de la Oscyl esta temporada en León: «Una oportunidad para escuchar dos piezas deliciosas que forman parte del programa, ambas bajo la batuta del director Manuel Hernández Silva y con precios asequibles, entre 10 y 15 euros», dijo Torres en presencia el director técnico de la Orquesta, Jordi Gimeno, y Amelia Biaín, jefa de Cultura de la Delegación de la Junta.

No hay una explicación convincente del motivo por el que la sinfonía 41ª de Mozart se conoce como Júpiter. Al parecer, debió de ser el célebre Johann Peter Salomon quien, consciente de la altura de la obra, le otorgó esta denominación. Júpiter es el padre de los dioses y el más grande de los planetas; Júpiter es la luz (do mayor), el trueno y el águila.

En cuanto a la cuarta sinfonía de Schumann es, en realidad, una versión modificada de la que en su día fue su Sinfonía nº 2. Había compuesto la segunda en 1841, pero ante la magnitud de las dudas que se presentaron en su mente tras una desastrosa interpretación decidió no publicarla. Fue en diciembre de 1851 cuando se decidió a retomar la antigua e inédita partitura y, en dos semanas, creó una nueva versión de la que ahora es conocida como su Sinfonía nº 4.

Cargando contenidos...

El público estaba habituado a mantener en su butaca una actitud participativa y podía aplaudir sin tener que esperar al final de la sinfonía. Puede ser este uno de los motivos por los que Schumann concibió la forma final de esta obra con todos sus movimientos encadenados sin interrupción.