Los pueblos más antiguos de León yacen olvidados
Algunos tienen más de 4.000 años de antigüedad. Son los pueblos más antiguos de León, la mayoría olvidados. Muchos no han sido excavados y sobre casi todos pesa la losa del abandono. Ni siquiera existe un censo creíble..
La Peña del Castro en La Ercina ha permitido desvelar cómo era la vida de cotidiana de sus habitantes hace 2.800 años. RAMIRO
Verónica viñas | León
La Junta tiene censados oficialmente, dentro del inventario de yacimientos arqueológicos, 149 castros —de la Edad del Hierro, prerromanos y romanos— y otros 30 aguardan en lista de espera para ingresar en esta nómina. Las cifras son irreales, teniendo en cuenta que en unas jornadas de historia y patrimonio organizadas por el Instituto de Estudios Bercianos en 2016 se habló de 240 castros romanos sólo en esta comarca.
Los primitivos asentamientos que encierran las claves de los primeros pobladores de la provincia constituyen una de las ‘zonas grises’ de la arqueología, que durante décadas ha relegado este patrimonio.
La llamada ‘cultura castreña’, apenas valorada y estudiada en León, mientras en Galicia está preservada como el tesoro que es. Asturias hace gala de que el castro de Chao Samartín es el más antiguo del Principado; el de Coaña, el más famoso; el de Pendía, el que más impresiona por su geografía; y el de Cabo Blanco, el Tulum del Cantábrico.
Lo cierto es que en León algunos castros fueron ocupados durante milenios y tuvieron una actividad minera equiparable a las Médulas en época romana. Sin embargo, únicamente tres de los castros leoneses tienen categoría de Bien de Interés Cultural (BIC): Castro Ventosa (Cacabelos), San Martín de Torres (Cebrones del Río) y Castro del Chano (Peranzanes).
Resistencia contra Roma
Un caso singular es el de la Peña del Castro, emplazado en un farallón de roca de 1.300 metros de altitud, donde la realidad virtual permite transitar por este bastión indígena que batalló hasta el final contra las legiones romanas y pereció en un incendio. El Imperio Romano se tomó tan en serio la guerra contra cántabros y astures que hasta el mismísimo emperador Augusto vino para dirigir a sus tropas.
El historiador César Morán estudió la toponimia de los castros, castriellos o castrillos. Algunos se remontan al Neolítico, se perpetúan en la Edad del Bronce por amplios territorios de esta provincia y alcanzan su máximo esplendor en la Edad del Hierro. De formar circular o elíptica, se adaptan a las condiciones del terreno —siempre en enclaves elevados— y están rodeados por murallas, torres, terraplenes o fosos. Todo un dechado de estrategia militar y, sobre todo, de supervivencia.
Los fondos Miner han permitido rastrear la historia de los castros de La Muela y La Zamora en Laciana, con más de trece siglos de antigüedad (del siglo VII a.C. al VI d.C., aproximadamente). Otros pequeños ayuntamientos carecen del presupuesto necesario para poner en valor las ‘aldeas’ que un día habitaron astures y vadinienses en viviendas de planta circular y techo de paja (parecidas a las pallozas). En cuanto a las dimensiones de los poblados, la media estaría en 100 por 60 metros.
Así eran los astures
«Tienen una vida sencilla, duermen en el suelo y llevan el pelo largo, como las mujeres», contaba el griego Estrabón de los castreños en el siglo I a.C. Pese a estas primeras fuentes escritas, «el conocimiento del pueblo astur es pobre si lo comparamos con lo que se sabe de los íberos o de los lusitanos», afirma Francisco Javier López en su investigación Los astures augustanos y sus castros.
Los textos clásicos dan cuenta de sacrificios humanos entre los pueblos del noroeste hispánico, que fueron prohibidos por los romanos. Estrabón habla de sacrificios rituales de animales: «A Ares sacrifican cabrones y también cautivos y caballos», cuenta. Según el conocido historiador Antonio García Bellido, «terminado este rito las cenizas del muerto, guardadas en un recipiente, debían ser llevadas bien a la casa de los suyos, bien a un cementerio común dentro del mismo castro».
Un castro misterioso
Uno de los casos más singulares es el del Castro Colorado o Encarnado, un enclave astur y posteriormente romano, ubicado en la Maragatería. Juan Carlos Campos, descubridor de decenas de petroglifos en León, batió este asentamiento del ayuntamiento de Valderrey, donde encontró unos grabados excepcionales hace tres años.
Se trata de grupos de antropomorfos (representaciones esquemáticas con forma humana) posiblemente de la Edad del Hierro, en posición orante. Podrían ser las primeras representaciones del arte astur de este tipo que aparecen en León. Lo más llamativo es la posición de los personajes. Media docena de siluetas están agrupadas en un plano inferior, mientras que en el plano superior y separada de ellas aparece otro ser representado con los brazos extendidos.
Decenas de castros preservan historias sorprendentes. Un patrimonio relegado y poco estudiado que aguarda desde tiempos ancestrales a ‘salir a flote’.