Fernando Aleu novela el canje de presos de la II Guerra Mundial
josé oliva | barcelona
Tras ejercer como médico en Estados Unidos, donde fue forense del actor Montgomery Clift, y una larga carrera como perfumista, Fernando Aleu ha debutado en la novela a sus 88 años con El intercambio , que evoca el canje de prisioneros en Barcelona de aliados y nazis en 1943. «Siempre me ha gustado juguetear con la pluma, con el papel y ahora con los ordenadores, y además he sido un apasionado de la lectura», ha dicho en una entrevista con Efe Aleu, que además de años con el tiempo ha acumulado «memorias y vivencias».
Después de hacer sus pinitos como columnista ocasional en prensa, decidió escribir una novela a partir de un episodio que vivió cuando sólo tenía 14 años en su Barcelona natal, espoleado además por una de sus nietas, que lo animó a escribir una historia que siempre había quedado marcada en su mente.
«El 26 de octubre de 1943 iba andando con unos amigos hasta el Club Natación Barcelona, para entrenarnos, pero la Guardia Civil nos impidió el paso, parecía que algo pasaba en el puerto. ‘Algo importante va a ocurrir aquí mañana’, dijo el agente; y al día siguiente subimos a Montjuïc para ver qué ocurría y vimos entonces el intercambio de prisioneros».
Otra vivencia acabó de inspirar la trama de la novela, la visita al hotel Ritz en los años 40 de la mano de su director, Ramón Tarragó, que era un familiar lejano de la madre de Aleu, en un momento en el que los alemanes que acudieron a Barcelona para el intercambio ocupaban casi todo el hotel.
No puede evitar Aleu cierta extrañeza por que la literatura apenas se haya ocupado de aquel acontecimiento tan importante, al que «los periódicos barceloneses llegaron a dedicar hasta cuatro páginas».
Cree Aleu que su novela es «una modesta contribución literaria» al papel de España en la Segunda Guerra Mundial, de la que «ha estado ausente en la literatura, pero también en el cine y la televisión». Barcelona, recuerda el autor, era una de las dos puertas de huida de los judíos desde Centroeuropa, sobre todo para los que querían ir a Buenos Aires, Brasil o Centroamérica, mientras Lisboa era la escala para ir a Estados Unidos. «Fue un puerto de escape de personas y también de obras de arte robadas a los judíos en Praga, Amsterdam y Viena; y en Barcelona la Gestapo contaba con 300 agentes, entre ellos el responsable de todo lo que entraba y salía de todos los puertos de España».
Lo que más estimuló a Aleu en la escritura de El intercambio (Roca Editorial) fueron sus viajes por Centroeuropa, las memorias del publicista Lluís Bassat o las películas de Spielberg.