La ristra de nombres de los reyes godos ocultó su valía

Un historiador reivindica en un libro la cultura visigótica

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León

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La lista de los reyes godos era una prueba de órdago para los estudiantes. Treinta y tres personajes que había que aprenderse del tirón, empezando por Ataúlfo y con Rodrigo como punto y final. Una ristra de nombres que solo servía como prueba memorística, pero nunca como una forma de activar la curiosidad del estudiante. «Los visigodos han quedado en el olvido y poco a poco está recuperando ese interés», reconoce Daniel Gómez Aragonés (Madrid, 1983). «No se puede reducir toda su historia de tres siglos a una lista», indica este autor y divulgador. Reivindica en su libro Historia de los visigodos (Almuzara), el legado de este pueblo originario del norte de Europa, que llegó a saquear Roma en el año 410 y que 17 años más tarde, bajo el mando de Teodorico I, entró por primera vez en la península ibérica para sofocar a otros pueblos germánicos a cambio de tierras.

Hispania fue el último destino de un pueblo errante, que atravesó el Viejo Continente, bajando desde su Escandinavia natal a Polonia para luego adentrarse por Europa Central y del Este. Durante dos siglos, los visigodos lucharon y firmaron tratados de paz con otros pueblos y con los romanos, cuyo imperio estaba en decadencia —la partición definitiva en el Imperio de Occidente y en el de Oriente se produjo en el año 395—. Vivieron fuera y dentro de sus fronteras hasta que se asientan en las Galias como un pueblo federado. Hispania estaba al lado. «Estamos hablando del pueblo bárbaro más romanizado. Y eso no lo podemos olvidar», apunta Gómez. Ese estilo de vida hizo que la Hispania visigoda viviera «tres siglos de esplendor», con una gran riqueza social. «La cultura estaba viva en esa época. Una de las grandes figuras de esta época es San Isidoro de Sevilla y sus ‘Etimologías’. Y mantenemos esas pequeñas iglesias hermosas o el tesoro de Guarrazar», enumera el autor, que recuerda que también hubo reyes muy cultos como Sisebuto. Gobernó de 612 a 621 y demostró un gran interés en el aspecto cultural, como lo demuestran las obras que han llegado a la actualidad como ‘Astronomicum’ (un poemario científico), ‘Vita sancti Desiderii’ y algunas cartas. «Fue un Alfonso X del siglo VII», apunta Gómez Aragonés. «Se atrevía a discutir con autores como San Isidoro», añade. Espejos «Pero destacan muchos otros, además de los más conocidos como Leovigildo y Recaredo», apunta.

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