La localidad vibró durante dos días con actuaciones de gran auditorio
Robles de Laciana, donde habita la música
La extraordinaria soprano cordobesa Carmen Serrano
Los encuentros en torno a la pianista madrileña Rosa Torres-Pardo, que desde hace cinco años se vienen celebrando por estas fechas en Robles de Laciana, promovidas por ese entusiasta de las artes que es el escultor Eduardo Arroyo, han despertado una inusitada expectación. El telón de fondo de su hermosa iglesia de San Julián, que se enmarca en el verde paisaje del valle, el acogedor trato de sus gentes y la calidad y categoría de sus intérpretes, que de forma totalmente altruista y desinteresada se desplazan desde los más lejanos lugares para estar puntualmente en la cita son la mejor garantía de que lo que allí sucede cada año es algo muy diferente a lo que habitualmente estamos habituados a presenciar en los auditorios. Sólo quien lo viva en directo podrá dar fe de que lo que allí ocurre en tan sólo 48 horas es algo único, diferente e intransferible. El elenco de artistas que esta quinta edición concitó en Robles puede calificarse de excepcional porque en tan sólo dos actuaciones hemos podido escuchar, oír y ver a algunos de los más sobresalientes intérpretes de la lírica, el teclado, la música de cámara y la escena. Todo ello adobado por las charlas de algunos de los destacados musicólogos, presentadores y críticos que se desplazaron hasta Robles para disfrutar con lo que allí se hacía. El musicólogo Arnoldo Liberman y el presentador de TV Máximo Pradera hablaron de la música, los músicos y sus manías, con Glen Gould como protagonista. El escritor y crítico musical Andrés Ruiz Tarazona desmenuzó cada actuación, llevándonos con su ágil y preciso verbo a la época en la que se había escrito la obra que a continuación se iba a interpretar, El Cuarteto Assai, uno de los más prestigiosos del país, convirtió el atrio de San Julián en un salón rococó con la elegante música de Boccerini, mientras la siempre sorprendente Rosa Torres-Pardo nos deleitaba con sus lecturas desenfadadas de las canciones de Albéniz o las cuatro piezas del Op.119 de Brahms, una suerte de pequeñas joyas del teclado para paladares habituados a la música en su estado más prístino. Junto a ella, otra excelente y delicada cantante, la mezzosoprano Marina Pardo, recreó con voz dulce y nostálgica dicción esa canciones albenicianas a las que Torres-Pardo puso el toque personalísimo de su piano y su bien modulada y profunda voz. A medio camino entre la ópera y el recital, entre el teatro y la improvisación, entre inteligencia y sensibilidad y apoyado en un magnífico pianista como es Manuel Burgueras, con un libreto, unos figurines y una escenografía creadas por ese genial y excelente actor que es el tenor Enrique Viana, La locura de un tenor, que así se llama el desternillante sainete lírico que escribió para la ocasión, nos fue mostrando la otra cara de los cantantes, con un sutil y elegante texto ahíto de intencionalidad y picantez. Provocador, desmitificador y alegórico, Enrique Viana fue haciendo un jocoso recorrido por algunas de las partituras más conocidas del bel canto como La Perichole de Offembach, la Hija del Regimiento, de Donizetti, o los Pescadores de Perlas de Bizet, mostrando en cada uno de ellos su lado más lúdico e irreverente y dando una auténtica lección de gran actor, de excelente cantante que puso la carne de gallina con su media voz y los filados en los que Nadir se expresa en el aria del primer acto, llena de nostalgia y misterio. Cerró esta serie de encuentros la actuación de la extraordinaria soprano cordobesa Carmen Serrano, quien acompañada al piano por un maestro de la talla de Antonio López, hizo un auténtica recreación tanto canora como escénica de las Cuatro canciones populares armonizadas por García Lorca, así como de la delicada Tus ojillos negros de Falla y las no menos hermosas canciones de Turina a las que dotó de toda suerte de matices de intencionalidad y de exquisita elegancia con esa voz transparente, de sutil legato y hermoso color, que posee esta sensacional soprano. Unos inolvidables encuentros con Rosa Torres, en un marco de ensueño como es Robles de Laciana.