En la película, dirigida por Ventura Pons, intervienen una decena de cantautores SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
Estrenan «El gran Gato», retrato de toda una generación musical
El retrato de toda una generación, una forma de sentir y de vivir frente al «aborregamiento actual», ha sido plasmado por el realizador Ventura Pons en su última película, El gran Gato, a través de la memoria y el legado del músico e intérprete argentino Javier Patricio, Gato Pérez, fallecido en 1990. El latido social y cultural de una ciudad: la Barcelona de los años setenta y ochenta, a la que Gato arribó con 18 años procedente de su Buenos Aires natal, reconstruye Pons a través del testimonio de familiares y amigos del artista, intercalados con quince temas de éste interpretados por cantantes de diferentes estilos y épocas. Aute, María del Mar Bonet, Sisa, Martirio, Kiko Veneno, Moncho, Lucrecia, Los Chichos, Los Manolos, Clara Montes, Ojos de Brujo, Tonino Carotone, Benjamín Escoriza, Manel Joseph y Sabor de Gracia ponen el acento musical a este documental proyectado fuera de concurso en la Seminci. La figura de Gato Pérez (1950-1990) encarna «la búsqueda de una forma de expresión y de vivir diferente al aborregamiento actual», afirmó en una rueda de prensa Ventura Pons, quien tras una larga etapa como director teatral emprendió en 1978, con Ocaña, retrato intermitente, una carrera cinematográfica que ha producido hasta la fecha quince títulos. «Es una historia impactante, muy dramática la de este cantante que viene a España con el rock en la cabeza y que al llegar a Barcelona descubre la rumba de los gitanos catalanes», afirmó Pons sobre un personaje de quien ha pretendido trasladar «su lucha por expresarse a pesar de las dificultades y nadar a contracorriente». Reliquia del cine regional Por otro lado, la copia restaurada de la zarzuela La Bejarana, una de las primeras que se conservan en España en cine mudo y que data de 1926, se proyectó ayer en la Seminci con acompañamiento musical de piano en directo. La rehabilitación de esta película, considerada una gran muestra del cine folclórico regional y filmada por el director Eusebio Fernández Ardavín (1898-1965) en Béjar, Candelario y Salamanca, se ha hecho dentro de las actividades promovidas por el Consorcio Salamanca 2002, con motivo de la Capitalidad Cultural.