La nueva ventana de la cultura

Cinco años y 1.100.000 euros después, León gana el último exponente de arquitectura industrial de la ciudad. Con la apertura este mismo año del molino Sidrón, el eje patrimonial más importante elimina sus barreras y el urbanismo recompone un espacio olvidado

Imagen del lienzo de la muralla que puede verse desde el molino Sidrón. Secuencia de imágenes de las etapas por las que ha atravesado el molino Sidrón.ÁNGELOPEZ DL

León

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Hasta hace cinco años, el último testigo de la tímida revolución industrial que vivió León era invisible para los leoneses. El molino Sidrón permaneció durante décadas sepultado por un garaje y un taller mecánico. La sensación de corrala en medio de la ciudad se unía además a la ocultación de la muralla, olvidada en un tramo de ciudad, amputada y oscurecida a pesar de su intrínseco valor arqueológico y cultural.

El alcalde, José Antonio Diez, abrió ayer la puerta que cerrará la operación urbanística de todo el entorno y anunció que este mismo año la infraestructura será inaugurada con el objetivo de que se convierta en un centro cultural que albergue el gran patrimonio literario de la provincia. Cuando se  ponga en marcha, la ciudad habrá ganado un escenario vertebral tras la recuperación del lienzo en las calles de los Cubos y Carreras, la ronda norte y el paseo de la Era del Moro, con lo que la continuidad histórica hacia el León más monumental —el eje de San Isidoro, el Castillo y la Catedral— dejará de estar sembrado de cicatrices.

La obra ha requerido una inversión de 1.100.000 euros sufragados a través de los fondos Next Generation y es obra de los arquitectos Andrés Rodríguez y Susana Valbuena. El proyecto ha respetado todas las fábricas del antiguo molino y consta de una superficie de 300 metros cuadrados en tres plantas. No ha sido fácil puesto que la estructura original casi había desaparecido por los usos que tras el cierre de la harinera le habían sido conferidos. La ubicación en el inmueble de un garaje fue deteriorando el espacio y el tiempo y la suciedad hicieron el resto. De hecho, la arquitecta municipal, Begoña Gonzalo, enfatizó ayer la fortuna de que se haya conservado a pesar que la titularidad de la propiedad nunca fue pública. El diseño ha mantenido la estuctura y cada planta tiene sus valores específicos. Se ha abierto el bajocubierta, que no se utilizaba, así como grandes luminarias a través de ventanales y lucernarios que aportan al edificio la sensación de semitransparencia. Además, la disposición permite contemplar un perfil de la muralla romana totalmente inédito.

De esta manera, la ciudad recupera el último ingenio hidráulico tradicional existente dentro del casco urbano de León, un edificio de notable interés etnográfico que resulta prácticamente desconocido para el gran público. Los orígenes del Molino Sidrón son, a decir de los expertos, muy remotos, pero no hay mucha documentación. «La noticia más antigua que hasta ahora tenemos nos conduce al año 1868. En el Boletín Oficial de la Provincia de León, números 87 y 88, aparece este anuncio: «Se arrienda la acreditada Fábrica de Harinas que fue de don Antonio Santos, sita en las afueras de esta ciudad; para tratar de ajuste podrán verse con su sra. viuda".

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