El Egipto que Hollywood deja en blanco

El Museo Liceo Egipcio de León descubre cómo vivían, se divertían y se relacionaban sus habitantes

Imagen de una escena de caza.dl

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C. F. A.
León

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El Egipto que se esconde detrás de la arquitectura de Hollywood es hoy el protagonista de una jornada de conferencias en el Museo Liceo Egipcio de León. La actividad, gratuita, comenzará a las 10.00 horas con tres charlas dedicadas a diferentes aspectos de la vida en el valle del Nilo. El programa cuenta con Rosa Pujol, presidenta de la Asociación Española de Egiptología, Amparo Arroyo, egiptóloga de la AEDE, y Raúl López, director del museo.

El papel de la mujer en la sociedad egipcia, un ámbito que permite alejarse de la imagen de una civilización explicada exclusivamente desde el poder político y religioso, estructura unas de las charlas. Las egipcias disfrutaban de una notable autonomía jurídica en comparación con otras sociedades mediterráneas de su tiempo. Podían gestionar sus bienes, heredarlos, comprar y vender propiedades y, en determinadas circunstancias, solicitar el divorcio y recuperar sus bienes. Esa posición también se reflejaba en el ámbito profesional. Aunque la mayoría desarrollaba su actividad en el hogar, las fuentes documentan casos de mujeres que ejercieron como comerciantes, escribas o médicas. Entre ellas figura Peseshet, considerada una de las referencias más conocidas de la medicina femenina del antiguo Egipto. La propia organización de la sociedad concedía además una importancia especial a la línea materna dentro de la realeza, hasta el punto de que la legitimidad de la madre podía desempeñar un papel decisivo en el acceso de un faraón al poder.

La conferencia se adentra también en el embarazo y el parto. Las fuentes egipcias conservan prácticas destinadas a determinar si una mujer estaba embarazada y distintos métodos relacionados con la anticoncepción. Medicina y magia convivían en este terreno, como ocurría en muchos otros ámbitos de la sociedad egipcia. El parto era considerado un momento de especial peligro. Las mujeres podían dar a luz de cuclillas o de rodillas y las condiciones variaban según su posición social. Mientras las clases altas podían disponer de sillas de parto, otras mujeres utilizaban ladrillos o adobes sobre los que apoyarse.

Jugar después del trabajo

La segunda gran cuestión que abordarán las jornadas es el ocio y el deporte, un aspecto que permite contemplar al antiguo Egipto desde una perspectiva particularmente cercana. Las representaciones conservadas en las paredes de tumbas y templos, junto con los objetos recuperados en las excavaciones, muestran que los egipcios disponían de juegos y actividades de ocio tanto individuales como colectivos.

Había juegos infantiles, competiciones, actividades relacionadas con la fuerza y la habilidad, juegos de azar y de estrategia. También estaban presentes la música, la danza y las acrobacias, mientras que actividades como la caza, la pesca o la lucha podían cumplir simultáneamente funciones prácticas, deportivas o relacionadas con el entrenamiento militar.

Los niños tenían sus propios juegos. Muchos se practicaban al aire libre y estaban relacionados con actividades tan sencillas como correr, saltar o perseguirse. Los adultos disponían, además, de juegos de mesa que exigían estrategia y que en algunos casos adquirieron una dimensión simbólica y religiosa. Entre ellos destacan el Senet, el Mehen y el juego de los Perros y Chacales.

La tercera aproximación a la vida cotidiana se apoya en otra fuente fundamental: los textos sapienciales egipcios, conocidos como Sebayt o enseñanzas. Frente a los textos funerarios o a las grandes inscripciones monumentales, estas obras permiten acercarse a las normas que debían regir la conducta durante la vida terrenal.

Las Instrucciones de Ptahhotep, las de Ani o las de Amenemope transmiten consejos sobre comportamiento, relaciones sociales y vida familiar. En ellas aparece de manera recurrente la idea de Maat, relacionada con el orden y la justicia, como un principio que debía aplicarse también a las acciones ordinarias. La honradez, el rechazo del fraude y la obligación de actuar correctamente ante los demás formaban parte de ese ideal.

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Los textos dibujan también un determinado modelo de comportamiento. El ciudadano ideal debía ser prudente, moderado y capaz de controlar sus palabras y sus emociones. Frente a él aparecía como contraejemplo quien hablaba demasiado, actuaba con arrogancia, perdía los estribos o se dejaba dominar por la codicia. El silencio y la capacidad de escuchar eran considerados virtudes tanto en la esfera doméstica como en la pública. La familia ocupaba un lugar central en este sistema de valores. Las enseñanzas insistían en la obligación de mantener el hogar y atender a la esposa y a los hijos, al tiempo que concedían una especial importancia al cuidado de los padres ancianos y al mantenimiento de sus rituales después de la muerte.

las mujeres Podían gestionar sus bienes, solicitar el divorcio y trabajar