MÚSICA
El órgano perfecto para la catedral perfecta está en León
Un día en las tripas del colosal instrumento de la joya del gótico europeo
Carlos Fernández Bollo y Mélodie Michel, la semana pasada en la Catedral de León.
Suena con tal amplitud que la sensación es que el sonido parte de uno mismo y culmina en las más altas vidrieras. Hace un día a medio camino entre el Sol y las nubes, muy de León. Hace calor y a la sombra frío. Se abriga la parisina Mélodie Michel, en la puerta de la Catedral de León. Llega con Carlos Fernández Bollo, un joven músico que es el organista de la Catedral de León y que muestra tanto talento como respeto y fascinación con su trabajo en esta ciudad. La cita tiene como motivo que él explique a los lectores qué es, qué supone y por qué en León hay que estar orgullosos de que la Catedral cuente con un órgano tan importante como el que tiene ahora y del que fueron artífices del logro los impuslores del Festival Internacional de Órgano Catedral de León (Fiocle). Pueden sentir la satisfacción de que en manos y cabeza de Fernández Bollo la continuidad tiene la misma filosofía: el amor a la música por encima de todas las cosas.
La Catedral sigue ahí milenaria cuando Mélodie Michel, portentosa organista que actuó el 9 de octubre, dice que el órgano es fantástico. Igual que el organista. Y añade: «La Catedral es maravillosa. Me gusta más que Notre Dame», asegura por su cuenta. Hay muchos turistas, pero la Catedral se muestra imponente y los rayos de Sol son haces de luz que iluminan con precisión.
Cuando llegó a León Fernández Bollo (es gallego de Mugardos) vio un órgano que le resultó descomunal. Cuentan las crónicas: el órgano principal de la Catedral de León es un instrumento moderno de gran prestigio construido por la firma alemana Klais Orgelbau (Bonn) y diseñado por el organista y compositor Jean Guillou. Fue inaugurado el 20 de septiembre de 2013. Cuenta con 5 manuales (teclados) y un pedalero. Dispone de 4.334 tubos distribuidos en varias cajas dentro del coro. Y ahí aparece el protagonista: el organista titular, Carlos Fernández Bollo.
«Me impresionó. Ya cuando vinimos a hacer el examen, porque sí que la última parte de las oposiciones fue práctica. Vi que había mucho teclado, mucho registro y que había cosas que parecía que no pegaban entre sí, porque era el primer contacto con un órgano que no conocía. Pero claro, después llego aquí y después de una semana tocando ya me fui acostumbrando al órgano y descubrí que es un instrumento que tiene muchísimos colores, muchísima calidad, muchísima facilidad a la hora de combinar registros. Entonces yo dije: esto a mí me gusta», explica.
Para un músico como él, que combina destreza y conocimiento, esto es calidad de intérprete y cultura al máximo nivel, se abrieron posibilidades que degusta y disfruta. Tiene algunas quejas en las horas de las visitas guiadas y free tours, porque en ocasiones no son precisamente delicados. Pero tiene una idea general en la que señala que «es un órgano que te permite musicalmente ir en cualquier dirección. Si quieres ir en dirección renacentista, puedes tocar música renacentista. Ya me lo decía ayer Melodie de ese estilo músico del órgano. Tú puedes hacer música renacentista, tú puedes hacer música barroca española, barroca francesa, barroca alemana», asegura. Y añade que «esto te da toda esa amplitud. O sea, toda la disposición del órgano, todos los registros del órgano. La disposición fónica del órgano te permite hacer todo esto».
Es entonces cuando Fernández Bollo entra en aspectos que ya pertenecen al mundo de los músicos privilegiados, pianistas y teclistas, en este caso con una capacidad casi tan sobrenatural como cuando suena el órgano a todo volumen en los conciertos de la Catedral. Por ello, un inciso sobre estos conciertos que quedan y que de ser obligatorios para el público leonés el mismo público lo agradecería.
A saber, queda el 16 de octubre: Florian C. Reithner (Austria); el 23 de octubre: Juan de la Rubia (España, organista de la Sagrada Familia); el 30 de octubre: Enrique Martín-Laguna (España); el 6 de noviembre: Diego Innocenzi (Argentina y Suiza) — Programa El órgano fantástico y el 13 de noviembre (Clausura): Alma Bettencourt (Francia) junto a la Orquesta Ibérica, dirigidos por Raúl Martínez Villanueva (interpretando a Francis Poulenc). Todos, siguiendo la magia de Gillou.