El desfile de Dior, Chanel y Armani sobre la larga alfombra roja
Penélope Cruz brilló a lo Audrie Hepburn en Desayuno con diamantes en la noche del cine español, una noche sin consignas cromáticas en los diseños, pero a la que muchos intérpretes acudieron con otro lema, el de No a la guerra. Con el pelo recogido en un tocado completado con dos pompones blancos, delgadísima en un traje negro de Chanel y sobre unas sandalias anudadas al tobillo alzado sobre tacones de aguja, Penélope llegó, casi tarde, sonriendo a los fotógrafos y precedida de los gritos de las fans. Alex de La Iglesia, Trinidad Jiménez (de Purificación García con el pelo recogido) acompañada del presidente de la Asociación de Gays y lesbianas Pedro Zerolo; Antonio Resines o Eduardo Campoy y señora (Mabel Lozano, de moda canaria), fueron algunos de los primeros en llegar. Pero el primer campanazo lo daría María Esteve, muy escotada, quien posó con generosidad mientras la esperaba el director de El otro lado de la cama, Emilio Martínez Lázaro. Los diseños de Jesús del Pozo o de Galiano para Christian Dior brillaban sobre las figuras femeninas, al tiempo que José Coronado, traje negro de Armani, aportó la nota masculina al desfile por la alfombra roja, que discurrió sin novedad hasta que, de pronto, comenzaron a verse pegatinas de No a la Guerra en las solapas de las estrellas. Carlos Iglesias, Alvaro de Luna, Adriana Ozores, Mercedes Sampietro (vestida por Carolina Herrera), Santiago Ramos, Juan Luis Galiardo, Roberto Alvarez o Mónica Randall llevaban las señales contra la madre de todas las batallas. Galiardo se paró a charlar con la canallesca un instante y, mientras lo hacía, llegaron por detrás Ricardo Bofill y Paulina Rubio, quienes precedieron a las nominadas Geraldine Chaplin (en un elegante traje de chaqueta blanco) y Mar Regueras (junto a la también nominada Clara Lago), ambas con la señal antibelicista en la solapa. A estas alturas, ya se sabía que las pegatinas contra la guerra no las había repartido la Asociación de Intelectuales Antimperialistas, algunos de cuyos miembros mostraban fuera una pancarta Contra la barbarie, sino que las habían distribuido agrupaciones como la Plataforma de Mujeres Artistas y la mismísima compañía Animalario (o sea, los maestros de ceremonias de esta noche). No llevaba la pegatina la presidenta de la Academia, Marisa Paredes, quien llegó acompañada de la ministra, Pilar del Castillo. Marisa iba, un año más, de Sybila («en verde esperanza», confesó, quizá para olvidar esa crisis que amenaza al cine español) y la ministra de Cultura, con un vestido «comprado en Berlín», según explicó, en terciopelo. Manuel Aleixandre posó también, sonriente y relajado, para la prensa, mientras se escuchaba algún grito de felicitación para el veterano actor cuya carrera celebraba esta noche la Academia.