Un toro de vuelta al ruedo El aplauso incansable del público leonés De plata... y de azabache El ganadero titular Así bailan los toreros andaluces... ... y así caminan los madrileños

RAMIRO

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León

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En el encierro de ayer el hierro titular fue el de Zalduendo, pero el protagonismo fue de un astado de Garcigrande, la ganadería propiedad de Domingo Hernández que había lidiado el primer festejo de la feria. Se llamó Aparatoso, fue un toro castaño herrado con el número 95, que pesó 493 kilos, el más pequeño del encierrro. El Juli lo toreó a placer y el astado no se cansó de seguir los engaños con boyantía. Al final sus dos orejas fueron paseadas por el madrileño, y las mulillas dieron al animal una vuelta al ruedo. Un poco aparatosa: cuando el presidente sacó el pañuelo azul el toro ya estaba en la boca del desolladero. El leonés es un público agradecido, que busca la diversión y premia tanto los éxitos como la entrega con fuertes ovaciones. Ayer se hartaron de aplaudir y pedir orejas. La ocasión lo mereció. También hubo bronca, una, y no fue menos sonora. Al final, los espectadores salieron ayer con buen sabor de boca. Se veía en las sonrisas, y también en las neveras vacías. Antes se iba a los toros con pañuelos para pedir orejas. Ahora se lleva la nevera, la empanada, el vino,... Las cuadrillas tuvieron ayer una actuación destacada en el coso del Parque. La del Juli pasó más desapercibida, mientras el público que no conoce la nueva costumbre del Juli pedía que el maestro colocara los rehiletes. En la foto El Chano, que saludó tras sus pares. Fernando Domecq, ganadero propietario del hierro de Zalduendo, contempló un año más desde el callejón de la plaza del Parque las evoluciones de los toros de su ganadería. Como es habitual, estos astados, muy del gusto de las figuras, permitieron abrir la puerta grande del coso leonés. Javier Conde sorprendió con su originalidad en la forma de citar al toro que hizo cuarto del encierro. Paseó de puntillas, volteó, citó en postura que más parecía escorzo,... Bailó y animó con su peculiar estilo la alegría que le faltaba al astado. Sorprendió, y gustó. El público le aplaudió a rabiar. Torería derrocharon el Juli y César Jiménez. El primero, poderosa; el segundo, pinturera. Lo cierto es que ambos caminaron por el ruedo leonés con seguridad y confianza. Y con éxito: sus trasteos se contaron por triunfos. El público no se cansó de aplaudir en las faenas y en las vueltas al ruedo.

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