«Me he librado porque era un chico bueno. Sigo siendo un chico bueno»
«He sabido torear. He toreado de izquierda como nadie»
A Victoriano Crémer le nacieron en Burgos en 1907, hace años más que suficientes para la jubilación. «Pero yo quiero seguir ejerciendo de hombre de la calle». Su padre era ferroviario, «de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, un nombre bonitísimo». Le llevaron a Bilbao y cuando tenía seis años la familia recaló en León. Antes de la literatura tuvo muchas y variadas ocupaciones. «Todavía en Burgos fui vendedor de periódicos, de esos que voceaban por la calle, de ahí me viene mi vinculación con el periodismo», ríe. En cuestiones de trabajo se define como «cidiano, como buen burgalés, batallo por necesidad». Eran una familia numerosa, «seis lobos hambrientos más mis padres», y el sueldo de ferroviario y el de jornalera del campo de su madre no llegaba para todo, por lo que tuvo que trabajar desde niño. En el colegio le pusieron a ayudar a un viejo registrador de la propiedad, Buenaventura Bustamante Pablos. También trabajó en el campo, «la calle Corredera era entonces muy rural, y yo cuidé ganado. Me encantaban los caballos, repartía la comida a los trabajadores montando como el guerrero del antifaz». Luego fue mancebo de botica («me gustaba, parecía que tenía un título»), pero «ya empezaba a pensar mal y a meterme en jaleos de tipo social»). Fue cajista de imprenta en el periódico La Crónica y más tarde gerente en la Imprenta Moderna. «Ahí estuve hasta que vino el Glorioso Movimiento, que como siempre me pasa me cogió con el culo al aire». Fue encarcelado, pero se fue librando porque era un buen chico. «Todavía soy un buen chicho». Fue a la guerra y se licenció en Valencia. Tuvo que volver a León, pese a que aquí estaba fichado. «Como siempre he sido un hombre de imaginación, me busqué unos cursos que dar en Chile, para huir». Pero no le dieron los papeles. Su carrera lietaria empezó en el colegio. «Un día te mandan hacer una poesía al maestro, luego lees a los clásicos y te parece fácil llegar a ser como ellos...». Desde entonces ha publicado más de veinte libros de todos los géneros, y recibido numerosos galardones por su trayectoria. «Pero la gloria me ha tenido siempre sin cuidado. Si me presentaba a los juegos florales era para poder viajar con mi mujer». Ahora prepara un libro final de poemas, al que está dando los últimos repasos; además de sus crónicas diarias en Diario de León. Además, tiene previsto hacer una biografía. Del ordenador, ni hablar. «Tengo una vieja Hispano Olivetti a la que me dedico. Meto dos folios con papel calcante para hacer las copias. Después, en el periódico, se encargan de poner los errores».