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MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ
León

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EL COMPROMISO eran cinco entregas y Antena 3 consideró que Supershow patinó desde su estreno el 22 de julio. Carlos Sobera se las prometía felices y el magazine aspiraba a entrar en el otoño, pero la privada tiró de share, comprobó que ni llegó al 20% ni a los dos millones de espectadores, y carpetazo. Obvio que el espacio no era la octava maravilla y que respondía al modelo de contenedor en donde cabía de todo: humor, música, entrevistas, cámara oculta, bromas... Competía con el serial The O.C. de La Primera, con sus dosis de intriga cainita, sexo light y unas pizcas de trasgresión profiláctica, que obviamente cuaja en la audiencia de verano. Pero lo que constata la caída de Supershow son unas maneras que parecían olvidadas en la práctica televisiva, sobre todo en verano, que ya hay que tener moral para ver la tele si no es como clavo ardiendo. Se confirma que la máxima vales lo que aguantas en antena, ni en vacaciones se perdona. Los experimentos catódicos tienen mejores expectativas en las franjas matinales o vespertinas, que los mínimos están más bajos y a poco que te esfuerces logras salvas la cara. El formato de Sobera seguramente resistiría mejor en otoño, si los programadores acertaran a ubicarlo, que esa es otra. El fulmine es un aviso a navegantes. El curso 2004-2005 será a muerte en televisión, con las privadas de uñas, las autonómicas a su bola y TVE como la reina del suspense.

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