Acuarelas para la melancolía de Sara Calleja en la galería Ármaga

Sara Calleja posa ante dos de sus cuadros

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Marcelino Cuevas - león
León

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La acuarelista Sara Calleja lleva ya muchos años intentando hacerse un sitio en el bien poblado mundillo leonés del arte. Sus armas para conseguirlo son los colores potentes, la figuración distorsionada, y una exquisita melancolía que invade por completo su obra. Para Sara «pintar es la parte más importante de mi vida, no sólo por las muchas horas que dedico a los pinceles, sino también por la relevancia que tiene para mí expresarme a través de la plástica. Vivo intensamente cada uno de mis cuadros y espero saber trasmitir ese sentimiento al espectador». Pinta la joven artista con pasión intensa y se expresa a través de un dibujo enérgico no exento de delicadeza. «Creo -asegura- que en cada línea hay una parte de mí. Pienso que la pintura es un vehículo inmejorable para expresar las emociones, por eso me vuelco en esos personajes que, la verdad, en muchas ocasiones acaban derramando una gran lágrima. Una lágrima que no siempre es el resultado de una tragedia, en algunos casos está producida por la añoranza, en otros por una alegría contenida y en algunos momentos, es inevitable, por la pena, por el desamor, por la nostalgia de del tiempo perdido». Pero Sara Calleja también pinta lúdicos bodegones y raciales bailaoras llenas de duende flamenco e inundadas por el influjo de la luna lorquiana. «Me gustan esas mujeres andaluces porque sobre ellas planea algo trágico, tras el alegre tableteo de un taconeado se esconde un alma llena de sentimientos encontrados, de grandes pasiones que se enredan en sus melenas negras, que se enganchan en los faralaes de sus trajes típicos. Y en cuanto a los bodegones son retratos ambientales en los que se unen las frutas y las flores en un estallido de color, más que las formas trato de reflejar en ellos los colores», manifiesta la artista.

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