Alejandro Posada elige para la ocasión un programa muy atractivo y poco frecuentado
La Orquesta de Castilla y León llena hoy la Catedral con música de Mozart
La clarinetista Carmen Domínguez Antón protagonista del magnífico concierto de Weber
La orquesta sinfónica de Castilla y León ha ganado este año en medios y coordinación
El Festival de Órgano Catedral de León recibe esta noche, a las nueve de la noche, a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León a las órdenes de Alejandro Posada, su titular, quien ha elegido para la ocasión un programa muy atractivo y poco frecuentado especialmente en lo que respecta a la primera parte del concierto en el que interpretará el hermoso concierto para clarinete, en fa menor, de Karl María von Weber. La segunda parte del mismo esta dedicada íntegramente a Mozart del que ha elegido para poner en atril la Serenata nº6 en Re menor (Serenata Nocturna) y la Sinfonía nº 25 en Sol Menor . La entrada al concierto es gratuita. Desde que Enrique Rojas se ha hecho cargo de la gerencia de la orquesta de Castilla y León hace escasamente un año, las cosas han cambiado sustancialmente dentro de ella. Más conciertos, mejor relación con los medios y mucha más coordinación con las instituciones y organismos de los que de una forma u otra depende la actividad de la orquesta, han sido la carta de presentación de este experimentado gestor que conoce al dedillo los entresijos en los que este complicado mundo de las formaciones orquestales se mueve. Su experiencia dilatada al frente de otras formaciones le han servido para sacar del ostracismo a una orquesta que poco a poco se iba quedando en el furgón de cola para hacer de ella, junto a su excelente director titular, Alejandro Posada, una sinfónica con voz propia que ya comienza a despegar con proyectos muy ambiciosos tanto en el campo de la producción como en el de registros y programas, y vuelve a recuperar e incrementar un prestigio adquirido y anquilosado a lo largo de catorce años. Para esta noche en la Catedral el programa vuelve a ser de inusual escucha, especialmente el atractivo concierto para clarinete de Weber, con una solista de la talla de Carmen Domínguez Antón, una virtuosa de este instrumento a la que la partitura exige no sólo pleno dominio del clarinete sino una técnica y expresividad fuera de lo común. El concierto está dedicado a su amigo Heinrich Bärmann y fue compuesto en el año 1811 para un instrumento que amaba en especial. En el allegro del comienzo expone dos temas: el primero en Fa menor lo presenta la orquesta, mientras que el clarinete solista delinea su motivo melódico; el segundo en La bemol mayor lo presenta el clarinete, que es aprovechado por el autor para su lucimiento. En un tempo «lusingando con espressione» el instrumento se hace dueño de la situación y su expresividad se deja notar por entre los instrumentos de su familia. En el adagio ma non troppo ocurre lo mismo, esta vez entre el violín y la flauta. El rondo final quiere expresarse en Fa mayor aprovechando el virtuosismo del instrumento y dejando claro el ingenio melódico del autor.