La figura del payaso es tomada por la compañía como vehículo de reflexión ante el horror bélico
Teatro de la Abadía presenta hoy en León «Sobre Horacios y Curiacios»
El espectáculo se basa en una pieza escrita por el dramaturgo Bertolt Brecht en 1934
Los integrantes de esta divertida pero comprometida obra teatral
El inquietante universo teatral de Bertolt Brecht y la habitual experimentación escénica que caracteriza las propuestas de la compañía Teatro de la Abadía confluyen en la obra Sobre Horacios y Curiacios , un ejercicio dramático, protagonizado por Luis Bermejo, Julio Cortázar, David Luque, Markos Marín, Fernando Soto y Daniel Moreno, que esta noche se representa en el Auditorio Ciudad de León en una convocatoria cuyo precio de entrada es de nueve euros. Tras las adaptaciones de obras como el Mesías , de Berkoff, o El Rey Lear , de Shakespeare, los integrantes de Teatro de la Abadía han realizado un montaje, la tercera producción de la presente temporada, que se apoya en la figura del clown para trazar un ejercicio de reflexión ante el horror bélico. Brecht, el poeta y dramaturgo alemán que dinamitó las reglas del teatro convencional proponiendo una total ruptura con los conceptos asumidos de tragedia y drama, desarrolló una obra teatral en la que el simbolismo daba paso a la realidad. Un agudo ejercicio de dramaturgia que, distanciando al espectador del personaje, utiliza todo tipo de recursos para incitar a la reflexión. En Los Horacios y los Curiacios , una pieza escrita en 1934, aborda los peligros del imperialismo de la Alemania nazi mostrando también el lado oculto, lleno de tópicos y lugares comunes, que imperan en la sociedad cuando se trata de referirse a los mecanismos que dan forma a cualquier guerra. Payasos contra la barbarie Tomándolo como base, la compañía propone un espectáculo en el que un grupo de payasos intenta desesperadamente poner en pie la obra, una tarea que les resulta imposible ante la fuerza que va adquiriendo una batalla cercana. Con sus guantes, narices e instrumentos musicales, este grupo de clowns se enfrenta a la barbarie y la violencia desde la más absoluta inocencia provocando la sonrisa de un público enfrentado a sus miserias y sus alegrías. Con una estética y un trabajo de vestuario -obra de Pepe Uría-, que remite al universo de La Strada de Fellini, o a cómicos como Charlie Chaplin o los hermanos Marx, la obra es también un ejercicio de estilo escénico en el que destacan la escenografía, de aires circenses, y una banda sonora hecha a la medida de cada personaje. Wladimir Wagener ha sido el encargado de componer y dirigir una música que se compagina con diversos efectos; la utilización de temas de los Beatles y Kurt Weill, y cortinillas publicitarias. Las singularidades de cada payaso-actor han sido determinantes para la creación de un espectáculo que reivindica la figura del clown como la del mejor comunicador posible, en especial cuando se trata de analizar la verdad.