El aniversario de Federico García Lorca no acalla la polémica sobre sus restos

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Miguel Lorenci - madrid
León

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Las últimas horas de la vida de Federico García Lorca hicieron y harán correr ríos de tinta. El hispanista Ian Gibson fue uno de los primeros en ofrecer claves de aquellas trágicas jornadas en las que Lorca viajó de Madrid a Granada para acabar sus días acribillado a balazos en el barranco de Víznar, en las proximidades de Alfacar, hace ahora 70 años. La última aportación es el documental de Emilio Ruiz Barrachina Lorca, el mar deja de moverse , en el que se desvela la implicación en el asesinato del poeta de sus primos. El viaje de Lorca hacia la muerte comenzó en la tarde del 13 de julio de 1936, cuando deja un Madrid agitado por los persistentes rumores del alzamiento y toma un tren con destino a su Granada natal. Regresa a la casa familiar, la Huerta de San Vicente, y allí está Federico cuando las tropas sublevadas se apoderan de Granada el 20 de julio. Al mando de la ciudad y de los alzados, el general Queipo de Llano, uno de los represores más severos y sanguinarios de la contienda. La represión se cobró en Granada miles de vidas, según constatan los historiadores, pero Lorca no se sintió amenazado hasta la segunda semana de agosto. Discriminación mortal El día 9 una patrulla irrumpe en la Huerta de San Vicente en busca del hermano del casero, Gabriel Pérez Ruiz. Detectan la presencia del poeta, significado por su afección a la República y su homosexualidad. También por un artículo publicado fechas atrás en El Sol en el que fustiga a la burguesía local. Federico sufre insultos, golpes y humillaciones y decide por fin buscar refugio en la casa de Luis Rosales. Es un poeta amigo, miembro de una familia de la derecha más rancia, con destacados falangistas entre su miembros, y bien conectado con los sublevados que ahora ejercen el terror. Lorca se traslada al domicilio de los Rosales. No sospecha que un miembro de la familia, Gerardo Rosales El Albino le denunciará. Los acontecimientos se complican hasta que es asesinado. Trescastro se paseó por Granada tras la ejecución diciendo «acabamos de matar a García Lorca y yo le metí dos balas en el culo por maricón». Se sabía también que Trescastro estuvo en el piquete que detuvo y transportó en coche al poeta.

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