Las estelas se han restaurado y prácticamente ya se han trasladado al edificio de Pallarés

Las lápidas dejan el claustro de San Marcos tras 200 años de historia

El conjunto funerario ha sufrido tres reformas desde que, en el XIX, se trasladó al antiguo Convento

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Cristina Fanjul - león
León

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El Museo de León ha finalizado el traslado del lapidario que, durante siglo y medio, ha estado en el claustro de San Marcos hasta las dependencias de Pallarés. En el anexo que el centro tiene en el Parador tan sólo quedan una veintena de piezas que están en proceso de restauración y que, este mismo mes, se trasladarán al edificio de Santo Domingo. Se trata de la primera vez -desde mediados del siglo XIX- que todas las estelas funerarias que hasta este mes se han conservado en las dependencias del Convento se limpian y restauran para ocupar las salas expositivas y almacenes del museo. De esta manera, en el claustro de San Marcos apenas quedarán las cuatro figuras barrocas que Demetrio de los Ríos trasladó desde la Catedral y que representan la Fe, la Esperanza, Santiago y San Froilán. El recinto se convirtió en el lapidario de la provincia a mediados del siglo XIX, cuando comenzaron a descubrirse estelas en la muralla de la ciudad. Las lápidas romanas fueron utilizadas para las sucesivas reparaciones que, durante la Edad Media, se hicieron de la muralla romana, pues su carácter pagano las había situado «fuera de juego» religioso. Fueron encontradas cuando comenzó el ensanche y se derribaron partes de la muralla. Escondidos en la muralla Su rescate fue una tarea complicada por cuanto que hubo que extraerlas del aparejo de los muros después de dos siglos de reempleo constructivo. Una de las personas que más esfuerzo dedicó a la recuperación de las lápidas fue el padre Fidel Fita Colomer, un jesuita catalán al que se debe en buena medida el rescate y la actual existencia del tesoro patrimonial. Fue entonces cuando se decidió que el claustro se convertiría en una dependencia del Museo de León y acogería las casi 200 piezas de que se compone el lapidario. El traslado de las lápidas a San Marcos también tuvo que ver con Manuel Gómez-Moreno, uno de los mayores estudiosos españoles del patrimonio leonés. A él se debe, por ejemplo, gran parte de los estudios de la arquitectura hispana prerrománica que él denominó «mozárabe», tema del que trató en su tesis doctoral, y publicó en su clásico libro Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX al XI editado en 1919. La reforma Desde entonces, este lugar ha sido reformado en tres ocasiones. El primero de los montajes tuvo lugar con motivo del traslado de las estelas. El segundo se realizó durante los años 30 y 40 con motivo de la conversión de San Marcos en campo de concentración durante la guerra civil. Las estelas fueron entonces arrinconadas junto a la pared de la estancia y tapiadas con el fin de que -menuda ironía- no sufrieran daños de los encarcelados. De esta etapa no se tiene testimonio gráfico -al menos no se ha encontrado- puesto que San Marcos se convirtió en la cárcel de presos del franquismo, muchos de los cuales tuvieron como destino el fusilamiento. El tercero de los cambios en la disposición de las estelas funerarias tuvo lugar en los años sesenta, con la conversión del edificio en Parador nacional. Fue entonces cuando las lápidas se dispusieron de la manera en que las hemos visto hasta ahora, con un diseño encaminado en cierto modo a conseguir que las piezas fueran admiradas más por los visitantes del Hostal que por los propios del museo. El traslado de las estelas comenzó hace un mes, después de la restauración y limpieza de la mayoría de ellas. Puede decirse que se trata casi de la primera ocasión en que se lleva a cabo la rehabilitación de estas piezas, debido al peligro de que las técnicas utilizadas pudieran dañarlas si seguían a la intemperie. A partir del mes de diciembre, el claustro de San Marcos podrá verse tal y como estaba hace dos siglos. Las lápidas desaparecerán para formar parte de una de las salas expositivas centrales del edificio Pallarés, y en el anexo de San Marcos se conservarán tan sólo las piezas propias de este edificio. Durante la guerra, las estelas fueron arrinconadas junto a la pared del claustro y tapiadas para que los presos no las dañaran

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