Desde el domingo imparte clases magistrales en la Fundación Eutherpe
Berganza: «No hay escasez de voces, existen malos docentes»
«El nivel es muy bueno y veo cómo mis alumnos progresan cada día», dice la artista
La mezzosoprano, durante una de las clases junto a un alumno
De auténtico lujo pueden calificarse las clases magistrales que la mezzosoprano madrileña Teresa Berganza imparte en la Fundación Eutherpe desde el pasado domingo a trece alumnos seleccionados y a 35 oyentes, venidos desde distintos países con el objetivo único de estudiar y perfeccionarse al lado de la excelsa cantante. «No me lo puedo creer -decía una de sus alumnas pugnando por contener las lágrimas-. Que yo esté al lado de Teresa Berganza mientras ella me anima, me corrige, me apoya y me enseña a respirar, a emitir mi voz con claridad y sin esfuerzo, eso es algo que jamás olvidaré». Otra alumna, llegada de Francia, nos hacía partícipes de ese momento mágico en el que la mejor mezzosoprano de la historia dedicaba una hora entera a corregir una mala emisión y quitarle el miedo escénico que la agarrotaba y la impedía colocar su voz sin esfuerzo y con naturalidad. «Es impresionante -manifestaba con una admiración sin límites- cómo con dos consejos y unas cuantas correcciones una cosa que parecía imposible es ahora lo más natural del mundo. Teresa es fantástica. Se pone en el lugar del alumno, le coge la mano y la coloca sobre su abdomen para que vea cómo se respira, cómo hay que colocar la columna de aire, dónde hay que hacer la apoyatura. ¡Qué maravilla! Y pensar que esto se hace en León cuando en otras ciudades estarían deseando tener unas master class como éstas»... «Ahora -dice la presidenta de Eutherpe Margarita Morais-, tal vez no nos damos cuenta del privilegio que es tener a Teresa Bereganza con nosotros, enseñándonos, porque esta ahí, tan cerca, pero con la perspectiva que da el paso del tiempo nos daremos cuenta de que es más que un sueño, es una suerte inmensa, impagable poder escuchar y ver a esta sensacional cantante». Buena técnica en León Sin embargo, para Berganza esto es tan normal como el respirar. «No podría estar sin dar clases, sin mis alumnos a los que quiero con locura, sé que ellos también me quieren a mí -señaló la mezzosoprano-. Luego dicen que hay crisis de voces, lo que hay es crisis de docentes. El nivel que tengo aquí en León es muy bueno y veo cómo mis alumnos progresan cada día, esto junto al hecho de ver corregidos algunos defectos que parecían insalvables me recompensa más que todo el esfuerzo que hago, que es mucho». Teresa Berganza es fuego puro. Infatigable, se levanta, se acerca al alumno, le escucha, le hace colocarse ante un espejo y le dice: «¡Mírate!, ves ese gesto que haces con la boca, pues por eso emites mal el sonido. Lo que tienes que hacer es respirar bien, dejando que el sonido fluya natural. No fuerces la voz...» y así una y otra vez. Teresa Berganza les corrige, le mima, les jalea y les regaña cuando ve que pueden dar más pero por algun motivo no lo hacen. «Son increíbles, pero me fascinan. Cantan cada vez mejor, pero... ¡Cuánto les cuesta a veces darse cuenta de sus errores». Y asegura emocionada que estos alumnos son «la sal de la vida y la alegría de la mía». Seguro que quien así sabe orar es escuchada. A las 19.00 horas de hoy, un recital-clase dará por concluido el curso.