EL INVENTO DEL MALIGNO | Entrevista | José Coronado |

Brujas «La televisión está enferma en cuanto a calidad»

Ha vuelto a televisión en el papel de policía duro en «RIS»

Publicado por
JOSÉ JAVIER ESPARZA Mercedes Rodríguez - madrid
León

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Me impresionó mucho ver a Bárbara Rey la otra noche, en el aquelarre de Dónde estás corazón . Como el espectador vicioso recordará, esta señora ya había dejado ríos de sangre en aquel programa después de clavar sus uñas en los desguarnecidos órganos sensibles de la «periodista» María Patiño. Y este fin de semana, con el suelo aún húmedo de desperdicio hematológico, volvía Bárbara, bárbara, para satisfacción de un público hematófago nunca ahíto. ¿Qué dijo esta vez la vieja dama? Sinceramente, no tengo ni idea. Algo creí entender acerca de un fulano que la acusaba de haber vendido su cuerpo a precio de oro; la pantalla nos mostraba la cara del fulano, un viejecito con cara de poco fiar, y a su lado, la imagen de la acusada, que componía gesto de quien oye llover sobre mojado, qué digo, de quien oye chispear sobre el océano Pacífico. Quité el volumen y me concentré en la señora, que era lo realmente interesante. Es que a los personajes habituales del show televisivo no es necesario escucharles: siempre dicen lo mismo y, además, esas cosas que dicen sólo consiguen enturbiarle a uno el ánimo. Por el contrario, es sumamente interesante estudiar a esta gente, aplicarles la misma mirada que uno dispensaría a una planta exótica o a un mineral de lejanos planetas. Así el espectador logra elevarse sobre la nube tóxica y, lejos del hedor del desolladero, poner cada cosa en su sitio. El fumadero de opio sólo se hace sugestivo cuando uno lo ve desde fuera, sin caer bajo los efectos del humo; así la esclavitud se sublima en literatura. El mismo principio hay que aplicar a la «telerrosa», que es el nuevo opio del pueblo. Pues bien: una mujer como Bárbara Rey gana muchísimo cuando uno la imagina como personaje de un relato, como criatura de ficción en una narración descabellada, y el mismo juicio vale para otros personajes del mismo gremio. Hay algo bastante literario en el conducirse de este tipo de mujeres, viejas seductoras deseadas por muchos y conquistadas por pocos y, en consecuencia, sistemáticamente difamas por quienes no lograron poseerlas. Es una historia tan vieja como el mundo, que a uno le recuerda la atmósfera de aquellas novelas perversas de la Francia prerrevolucionaria. La dama madura, que en cada arruga de su cuerpo custodia el secreto de algún incauto, se presenta ante el hostil populacho con la convicción de que nadie osará ir demasiado lejos, por lo que pueda pasar. Después, la dama pone la mano y hace caja, dejando en el ambiente un aroma entre sulfúreo y dulzón. Es cómico, pero esa noche, a la misma hora, en La Sexta pasaban una película que se llamaba El retorno de las brujas . Una broma, comparado con lo de Dónde estás corazón . José Coronado encontró la popularidad en series como Periodistas y el prestigio profesional unos años después en el cine, al cambiar de registro y meterse en una piel de un hombre duro en La caja 507 . Ha hecho de policía y de hombre de acción en sucesivas películas, ha madurado profesionalmente, y acaba de regresar a la pequeña pantalla vestido de inspector de policía en RIS . Pero los tiempos han cambiado y ahora el nuevo título de Telecinco tiene que abrirse camino en medio de la mayor competencia de ficción en la historia televisiva, un momento difícil para los estrenos. En el cine, Coronado está a punto de estrenar Todos estamos invitados , de Manuel Gutierrez Aragón, una película valiente en la que el actor es un profesor universitario amenazado por ETA. No es fácil estrenar con éxito. ¿Qué ocurre con la ficción? La situación está muy reñida, hay mucha oferta. Y las audiencias del tiempo de Periodistas ya son imposibles. Las cadenas tienen que entenderlo así, y lo único que hay que intentar es que si tienes un producto de calidad, como creo que es RIS , un caballo ganador, dejarle que corra y que coja su sitio. Hay que tener en cuenta que el pasado domingo había un partido de fútbol importante. Además, el espectador necesita un tiempo porque las noches de los domingos estaban dedicadas a la comedias en Telecinco. Y ahora hemos pasado a los cadáveres. ¿Ha cambiado mucho la televisión desde aquellos tiempos de Periodistas ? Ha evolucionado muchísimo. Se ha abierto el espectro, pero la televisión está enferma en cuanto a calidad. La mayor parte de la parrilla está cubierta por programas del corazón, que cumplen esa función de opio del pueblo. No aportan nada al ser humano, lo embrutecen. Me gustaría que tuviésemos una televisión más cercana a la francesa, pero aún nos falta tiempo. Con RIS el espectador hará comparaciones con CSI . Ahí tenemos un escollo, pero una temporada de nuestra serie es lo que cuesta un capítulo de CSI . Muchas veces en estas series norteamericanas se hacen spots encadenados y los guiones presentan situaciones increíbles. Nosotros somos más fieles a la realidad; tenemos como asesor a un inspector de la policía científica española que no nos pasa una. Y nosotros también incidimos más en las relaciones personales, que en CSI están dadas a cuentagotas. En RIS los personajes sienten y padecen. Vuelve a encarnar un hombre de carácter, de acción, un duro. Son papeles que toca en el cine desde hace tiempo. Y no están funcionando mal estos tipos porque fue muy bien La caja 507 y Lobo . La mayoría son polis, y en el caso de RIS es un hombre de disciplina casi militar. Pero aquí el personaje tiene que evolucionar, tiene guardados muchos secretos que irán saliendo para que se entienda por qué es como es. ¿Estos papeles han llegado por azar o es que tiene inclinación hacia ellos? Han sido una serie de casualidades pero que han propiciado que los trabaje mucho hasta llegar a sentirme muy a gusto en ellos. Dicen algunos directores que usted es un actor muy disciplinado y muy trabajador... Sí, pero no es un mérito, me apasiona, es un placer trabajar con esta disciplina. Yo quiero jugar en primera división, que es muy difícil, por eso tienes que trabajar duro. Y mientras el cine pone la luz al personaje, en la televisión es el personaje el que tiene que buscarse la luz. Me gusta involucrarme mucho. Un película valiente... Si alguien me llama valiente por hacer este personaje es que ya no entiendo nada. Soy actor, y como ciudadano tampoco es una valentía por ponerme delante de una manifestación en contra de la gente que mata. Seríamos sabandijas si nos escondiésemos.

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