EL INVENTO DEL MALIGNO | Con detalle |

Sistiaga La 1 busca estrellas de la música mestiza en «Hijos de Babel»

Televisión Española estrena en enero un «OT» protagonizado por inmigrantes por el que ya han pasado 4.000 candidatos

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JOSÉ JAVIER ESPARZA Mateo Balín - madrid
León

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CUATRO ha emitido un reportaje de Jon Sistiaga sobre la guerra de Irak. Más precisamente: sobre la vida cotidiana de los soldados americanos en Irak. Se titula «Sargento, ¿a qué estamos disparando?». El trabajo es excelente, y no hay que rebajar ni un grado la calificación. Sistiaga se mete («se empotra», es la afortunada expresión de la cadena) en una unidad de Caballería y vive con ellos, habla con ellos, penetra en su mundo y así nos transmite de manera vivísima y directa lo que está pasando. Contar esta tragedia no debe de ser nada fácil. Ya no sólo porque el reportero vivió allí, con anterioridad, circunstancias muy dolorosas, sino porque el propio episodio, la guerra de Irak, se ha convertido en algo bastante inaprensible. Por decirlo en dos (o veinte) palabras, en Irak había una dictadura abominable que fue aplastada por una guerra de consecuencias calamitosas y que Al Qaeda ha aprovechado para desplegar una estrategia ciega de terror. Es difícil saber cuál de las tres fases de este proceso es más lamentable. Lo único que se puede asegurar es que la víctima principal ha sido, es y probablemente seguirá siendo el pueblo iraquí, reprimido por Sadam, sacudido por la guerra y diezmado por el terrorismo. Es la típica situación -típica, sí- en la que la mirada del periodista ya no puede ofrecer una visión de conjunto, porque el conjunto es inabarcable, sino que tiene que limitarse a retratar el paisaje a trozos. A partir de aquí, todo consiste en que el retrato de cada trozo sea lo más fiel posible a la realidad, y el de Sistiaga es fidelísimo. Lo es, sin duda, en esos aspectos del reporterismo que siempre impresionan al público -el blindado que vuela por los aires, el tiroteo en vivo y en directo, la sensación de continuo peligro-, pero también en otros elementos que suele ser más difícil comunicar, como los psicológicos, que el reportero resuelve con recursos tan afortunados como mostrarnos en qué gastan su ocio los soldados (notables, las imágenes de las play-station) o qué músicas escuchan. El reportaje, emitido en una franja tan difícil como el prime time del lunes, tuvo una cuota de pantalla muy baja: un 6,4%. Pero en este tipo de contenidos hay que ser implacable con los índices de audiencia: aquí no cuentan, porque los criterios de rentabilidad de la información no pueden ser los mismos que los del entretenimiento. Hay que hacer una última consideración sobre el gran reporterismo, un género que nuestra pantalla tiende a sepultar; en realidad ya sólo quedan, ocasionalmente, algunas cosas de TVE y estas otras que hace Sistiaga para Cuatro. Habría que conservarlas con el mismo celo que se pone en proteger una especie valiosa: sin estos grandes reportajes, la tele quedaría mutilada. ¿Se imagina a un cantante senegalés interpretando Mediterráneo de Serrat; una promesa de la música ecuatoriana afinando a Mecano o un joven marroquí fusionando ritmos árabes con estribillos de Alejandro Sanz? Todo envuelto en un formato concurso donde el premio es una carrera musical. Esta es la letra grande de Hijos de Babel , una de las grandes apuestas de La 1 para 2008 que comenzará a emitirse, en horario de máxima audiencia, a partir de mediados de enero. El espacio, algo así como un OT para inmigrantes residentes en España, pretende abrir paso en el tortuoso camino de la música a esas personas que dejaron un proyecto artístico en sus países por tener «un futuro más próspero». Es decir, «vamos a descubrir a gente que, siendo músico, no han podido demostrar aquí de lo que son capaces», explica Carlos López, presidente de Sony BMG España, una de las dos patas del programa junto a la productora Zeppelín TV ( Gran Hermano ). Desde mediados de noviembre ya se ha puesto en marcha el casting que pasará por Madrid, Barcelona, Bilbao, La Coruña, Palma de Mallorca, Sevilla, Valencia y Málaga. Al mismo se pueden presentar tanto cantantes solistas y dúos como bandas. Para participar en el proceso por el que ya han pasado unos 4.000 candidatos hay un número de teléfono (905 333 111) que seguirá abierto todo el mes de diciembre. Los requisitos son ser mayor de edad, tener algún tipo de vínculo con culturas musicales distintas a la española y demostrar conocimiento y aptitudes musicales, recuerdan los tres encargados de la selección, Alejo Stivel (ex miembro de Tequila), José Ramón Flórez (productor de Luis Miguel) y Fernando Montesinos (compositor, productor y arreglista). Normas del concurso De los candidatos finalmente diez entrarán en el centro de ensayo, un espacio donde convivirán durante su permanencia en el programa y en el que prepararán y estudiarán sus temas semanalmente con el apoyo de los productores. La intención, más o menos, es fusionar en sus actuaciones los compases de la música española con ritmos africanos, latinos, balcánicos o asiático, por ejemplo. Cuatro profesionales de la canción y el público desde sus casas serán el jurado de Hijos de Babel . Las valoraciones que hagan cada semana harán subir o bajar a los participantes al estilo de la lista de éxitos comerciales. Los últimos clasificados serán sustituidos cada programa por un nuevo concursante. Después de cada actuación, el jurado otorgará un número de puntos (de 0 a 12) de forma unitaria que se redondeará con el veredicto definitivo de los espectadores. Son éstos los únicos que podrán salvar a sus concursantes favoritos mediante llamadas telefónicas o a través del envío de SMS. Después de cada gala, los espectadores podrán descargarse de internet los temas preferidos. Los más vistos obtendrán puntos extra que acumularán de cara a la siguiente gala. Parte del dinero recaudado se destinarán a proyectos solidarios en los países de procedencia de cada finalista. Los responsables de TVE confían en que Hijos de Babel cale en la audiencia, aunque no obvian los riesgos que entraña en prime time un concurso de estas características, más si cabe por la excesiva oferta de espacios musicales en televisión ( OT , Factor X ) en los últimos tiempos. En todo caso, creen que el programa ofrece otros factores humanos y culturales (integración, multiculturalidad) propios de una cadena de televisión estatal.

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