El erudito desvela 40 años después los resultados de la investigación en los «sótanos» del templo

Un plano inédito de 1971 muestra los cimientos ocultos de San Isidoro

John Williams revela que ese año hallaron una tumba bajo el ábside de la iglesia

Reconstrucción de la planta de la iglesia de San Isidoro

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Cristina Fanjul - leónc. f. a. | león
León

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Comenzó en 1969 y posteriormente hubo una segunda campaña en 1971. Ambas fueron dirigidas por el profesor John Williams y, si bien los resultados de la primera excavación se publicaron en el artículo San Isidoro in León: Evidence for a new history , los hallazgos de la segunda han permanecido ocultos. Hasta hoy. El propio Williams ha enviado a Diario de León los planos y dibujos de esta campaña, que se puso en marcha coincidiendo con la instalación de un nuevo suelo en la Basílica. Es decir, el profesor y su equipo tuvieron la oportunidad de ver y tocar los muros que en la actualidad reposan bajo el suelo de piedra de San Isidoro y que son la clave para contar la historia del lugar donde descansa gran parte de la historia de la monarquía leonesa. Después de casi cuarenta años, John Williams muestra en primicia los planos y dibujos de las investigaciones desarrollada en esos años y describe algunos de los hallazgos que se les revelaron durante las catas realizadas en las entrañas del templo. Marialba y Helmut Schlunk Todo comenzó en el año 1967, cuando un equipo del Instituto Arqueológico Alemán, dirigido por el profesor Helmut Schlunk, desembarcó en León para realizar una excavación arqueológica en Marialba. Schlunk fue el creador del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, que se inauguró en 1943. Su labor científica se centró en la excavación, trabajos de limpieza, consolidación y, restauración del mausoleo de Centcelles. Junto con el profesor Hauschild, Schulunk excavó y estudió otros monumentos paleocristianos, como el gran mausoleo de Puebla Nueva (Toledo) y la iglesia de Marialba de la Ribera, donde las catas se prolongaron durante tres años, y finalizaron en 1969. De forma paralela, John Williams había realizado su investigación en la biblioteca del Instituto en Madrid, entre 1963 y 1964. Fue entonces cuando conoció a Schlunk. «Fue a través del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid que desarrollé el equipo de estudiantes para poner en marcha la investigación en San Isidoro», precisa Williams, que dirigió dos investigaciones en la basílica. La primera comenzó en 1969 y 1971 fue el marco temporal de una segunda. Ésta fue y sigue siendo clave, puesto que coincidió con el cambio de suelo -era de madera y se instaló piedra- en el templo y permitió a Williams ver la cronoestratigrafía isidoriana. Muros maestros Los estudios se centraron en varias zonas. La primera de ellas fue la esquina suroeste, que coincide con la localización de la primera iglesia, construida por Fernando I. Además, Williams también pudo investigar en el área del transepto sur, donde el experto asegura que halló un muro fundacional que habría servido como pared sur de la iglesia. «Torbado había hablado de un basamento similar bajo el transepto norte», añade. El profesor norteamericano considera que este hecho demuestra que el templo fue iniciado por Urraca como una simple basílica de tres naves, si bien más tarde se le añadió el transepto, siguiendo el modelo de la de Santiago de Compostela. Williams asegura que uno de los mayores descubrimientos se le reveló en una cavidad que había en la bóveda del claustro situada en el norte de la iglesia. «Lo que la cavidad reveló fue un muro completo y escondido detrás de la bóveda. Se puede decir con certeza que estaba «completo» porque implicaba un sistema escalonado que reducía, según iba ascendiendo, el paramento de la iglesia de Fernando», precisa el profesor, para quien este paredón es clave para datar el panteón. «Tradicionalmente se ha asumido que el Panteón y la iglesia de Fernando fueron dedicadas en el año 1063», añade. Sin embargo, Williams asegura que si se tiene en cuenta el hecho de que la arquitectura del panteón es románica, la fecha de 1063 adquiere una precocidad extraordinaria, «con casi nada de ese estilo comparable en Francia». Además, añade que dado que el claustro pertenece a la misma época que el panteón propiamente dicho, el hecho de que cubriera la iglesia significa que se construyó junto a uno preexistente. «Por lo tanto, el panteón tiene que ser posterior; creo que fue realizado por Urraca y Alfonso hacia 1080 con influencias de Toulouse», destaca. El profesor subraya asimismo que dados los fuertes lazos culturales entre León y el sur de Francia, el moderno estilo del Panteón es entendible. ¿Construido como Panteón? Otra de las afirmaciones realizadas por John Williams se refiere al uso fundacional del panteón. El investigador asegura que no existe ninguna evidencia directa que demuestre que se diseñó con una finalidad funeraria. «Las únicas pruebas que se han esgrimido siempre no son sino evidencias indirectas. Entre ellas podemos contar el nombre, que surgió en el siglo XVIII, y el precedente de enterramiento real a los pies de la iglesia de Santa María en Oviedo», revela. «En realidad, lo que hoy conocemos como panteón no sería entonces sino una especie de sótano abovedado», precisa y añade que el uso como cementerio es muy posterior. «Es remarcable además el hecho de que encontramos una tumba, tal vez de un infante real, junto al ábside de la iglesia de Fernando», asegura. El profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh defiende la teoría de que este espacio pudo haber sido una capilla palatina, si realmente hubo un palacio anejo a San Isidoro. «La tribuna sobre el panteón fue originalmente parte de ese palacio, y se convirtió en lugar sagrado durante el reinado de Sancha», dice. Además, Williams habla de otro descubrimiento importante: la destrucción de los frescos de la puerta superior, que conecta el panteón con la basílica románica. «Debió de ocurrir cuando se abrió el espacio para crear la puerta, alrededor del año 1120. En cualquier caso, está claro que los frescos no pueden datar del tercer cuarto del siglo XII, como se ha asegurado de forma tradicional, sino de principios del siglo», manifiesta. «Gracias a que la campaña coincidió con el cambio del suelo de la basílica, pudimos desarrollar exploraciones en sus cimientos» «Durante las exploraciones descubrimos la tumba de un infante, tal vez real, bajo el ábside de la iglesia de Fernando» «Urraca construyó el templo como una basílica de tres naves, si bien más tarde se le añadió el transepto, siguiendo el modelo de Santiago» «Si se tiene en cuenta que la arquitectura del panteón es románica, la fecha de 1063 adquiere una precocidad extraordinaria» «El panteón tiene que ser sin duda posterior; creo que fue realizado por Urraca y Alfonso hacia 1080 con influencias de Toulouse» «En realidad, lo que hoy conocemos como panteón no sería en un principio sino una especie de sótano abovedado y no un cementerio» «Los frescos no pueden datar del tercer cuarto del siglo XII, como se ha asegurado de forma tradicional, sino de principios del siglo» El plano de la izquierda ha permanecido oculto hasta hoy. Ahora, y gracias al profesor John Williams, los leoneses tienen la oportunidad de contemplar el plano arqueológico de San Isidoro. En este dibujo, realizado por el equipo con el que el profesor norteamericano investigó en la basílica entre 1969 y 1970, pueden observarse las cimentaciones y muros que se esconden bajo el templo. Se trata, por lo tanto, de un documentos de incalculable valor para descubrir la estatigrafía de uno de los monumentos alrededor del cual más disputas intelectuales se han generado en los últimos cien años. Y es que la historiografía isidoriana sigue siendo a día de hoy una cuestión pendiente y hay muchas preguntas que siguen en el aire. Sin ir más lejos, aún no está claro si la primera iglesia se construyó sobre una estructura romana o, en cambio, la piedra sobre la que se han cimentado el edificio es tan sólo medieval. En este sentido, cabe reseñar cómo el abad emérito, Antonio Viñayo, muestra en su libro Real Colegiata de San Isidoro, una imagen que, según él mismo asegura, muestra los cimientos romanos sobre los que se asienta la basílica. Esta imagen tuvo que tomarse sin duda alguna en el año 1971, en la campaña durante la que trabajó el equipo de John Williams. Puede que a partir de este momento y a la espera de los resultados de la investigación realizada por Margarita Torres, este monumento -sin duda uno de los mejor documentados de toda la Edad Media- pueda dejar atrás la controversia y, en algunos casos, la arqueología ficción.

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