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JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

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LA 2 EMITIÓ la otra noche algunas reposiciones de la serie norteamericana Perdidos . Perdido del todo se quedó este servidor de usted tratando de encontrarle a la historia algún hilo mínimamente sólido. Perdidos era y es una buena serie; es cierto que nunca contó con el respaldo del público español, pero fue una de aquellas apuestas arriesgadas de TVE cuando se puso de moda volver los ojos a la producción norteamericana y, sobre el papel, la cosa podía funcionar. ¿Por qué no funcionó? Quizá por errores de programación, quizá por exceso de introspección en los guiones o quizá por cualquier otra razón. El hecho es que, pese a todo eso, el producto merecía respeto, y fue una buena idea pasarlo de TVE-1 a La 2 para tratar de preservarlo. Sin embargo, hay que decir que también Perdidos ha caído en ese pozo fatal de tantos productos televisivos: un exceso de duración, una sobreexplotación del relato principal que obliga al argumento a girar hacia lo inverosímil y, salvo que uno se haya enganchado mucho, lleva al espectador a la deserción inmediata. Por eso uno ve ahora los episodios de Perdidos y constata que, efectivamente, aquí alguien se ha perdido hace mucho tiempo, y no se trata de los náufragos, sino más bien del productor. Claro que aún más perdidos deben de andar en Lalola , ese fallido culebrón autóctono que emite Antena 3. Quien lo dude, que pida el vídeo del episodio de ayer y busque el diálogo -por así llamarlo- entre Natalia y su padre, o el numerito de la señora encerrada en una habitación con puerta de seguridad. Es difícil imaginar escenas más tontas y artificiosas, diálogos más insulsos y vacíos, en definitiva: minutos más superfluos de televisión. Luego se preguntan en Antena 3 por qué sus tardes no funcionan. Sin llegar a ese extremo de imperfección, tampoco andan muy finos los guionistas de Los hombres de Paco a juzgar por el episodio de esta semana, donde nos prepararon un numerito de falsa muerte y aún más falso entierro de un policía (Lucas) que no sólo es ya tópico en el género, sino que además acabamos de verlo hace pocos meses en El comisario . Los hombres de Paco , por cierto, sigue oscilando entre un planteamiento cómico y una resolución dramática, para supremo despiste del respetable. Ello no obsta para que el respetable obsequie al producto con los laureles del éxito, colocándolo incluso por delante de la otrora imbatible Hospital central . Y después de ver Lalola y Los hombres de Paco , uno vuelve a Perdidos y concluye que, a pesar de todo, es posible perderse bien y es posible perderse mal. Perdidos se ha hecho inextricable -como su propio nombre indica-, pero sigue siendo un producto de calidad. No es algo que puedan decir todos.

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