El Nobel y el presidente del Gobierno clausuraron «por escrito» el Congreso Nacional de Escritores
José Saramago: «Escribir es traducir, aunque sea en la lengua propia»
Zapatero: «Los escritores han adelantado los caminos por los que transitará el porvenir»
El Nobel de literatura portugués José Saramago excusó su presencia en León por motivos de salud
Por razones de salud, el escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago no pudo acudir ayer a la capital leonesa para cerrar el VIII Congreso de Escritores, tal y como estaba previsto, pero envió su ponencia para que fuera leída de forma íntegra. El presidente del Gobierno también quiso enviar sus propias reflexiones sobre el lema del encuentro, Pensamiento y Literatura. En una carta leída por el secretario de la Asociación Colegial de Escritores de España, Andrés Sorel, el autor portugués José Saramago se dirigió al público de la última sesión de la asamblea lamentando muy profundamente no haber podido acudir a clausurar el evento, ante la imposibilidad de viajar «por recomendación médica»: «Estuve tres meses en un hospital, donde el reloj de mi vida estuvo a punto de pararse», aseguraba en la carta. Y, aunque en este momento ya se halle completamente recuperado, el escritor debe someterse durante estos días a una serie de exámenes rutinarios. No obstante, Saramago sí quiso enviar un texto en el que reflexiona sobre el lema del congreso, Pensamiento y Literatura. En él, el autor de La balsa de piedra afirmaba que escribir «es traducir, aunque estemos utilizando nuestra propia lengua». «Transportamos lo que vemos y lo que sentimos a un código convencional de signos, la escritura, y dejamos a las circunstancias la responsabilidad de hacer llegar a la inteligencia del lector, no la integridad de la experiencia que nos propusimos transmitir (es inevitable parcelar la realidad de la que nos habíamos alimentado), sino más o menos una sombra de lo que en el fondo de nuestro espíritu sabemos que es intraducible, por ejemplo la emoción pura de un encuentro, el relumbrar de un descubrimiento, ese instante fugaz de silencio anterior a la palabra que se va a fijar en la memoria como el resto de un sueño que el tiempo no apagará por completo». «El trabajo de quien lee y también traduce consistirá en pasar a otro idioma (en principio, el suyo propio) aquello que en la obra y en el idioma original ya había sido 'traducido', esto es, una determinada percepción de una realidad social, histórica, ideológica y cultural que no es la del traductor; sustanciada, esa percepción, en un entramado lingüístico y semántico que no es el suyo». El texto original, por tanto, según advirtió el premio Nobel de Literatura de 1998, «representa una de las traducciones posibles de la experiencia de la realidad del autor, estando el traductor obligado a convertir el 'texto-traducción' en 'traducción-texto', inevitablemente ambivavente». «El diálogo entre el autor y el traductor, en la relación entre el texto que es y el texto que va a ser, no es apenas un diálogo entre dos personalidades particulares que han de completarse, es sobre todo un encuentro entre dos culturas colectivas que deben reconocerse». Con la conferencia del secretario de ACE y coordinador del evento, Andrés Sorel, en la que hizo referencia a la «corrupción del lenguaje», y la intervención del presidente de ACE, Juan Mollá, quedó clausurado el Congreso de Escritores de España, que se ha celebrado durante seis días en León.